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La digitalización puede reducir el consumo intensivo de diésel en la minería

La eficiencia energética se constituye en la principal oportunidad para reducir emisiones de CO2, materias primas e insumos, convirtiéndose así en un factor clave para alcanzar las metas de sostenibilidad.

El sector de la minería tiene un enorme potencial de descarbonización debido a que en muy pocas de sus operaciones se utilizan equipos eléctricos. El último aliado de este proceso es la inteligencia artificial, que puede transformar esa industria y ayudar a desbloquear la eficiencia y sostenibilidad.

En un mundo en el que los combustibles fósiles comprenden el 80% de la demanda de energía primaria y en el que el sistema energético (producción y consumo) es fuente de aproximadamente dos tercios de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) –según datos de Naciones Unidas–, el uso eficiente de la energía es prioritario. Más aún si se toma en cuenta que más del 60% de la energía se pierde en el proceso de producción.

En minería, como en otros sectores, el costo de esta ineficiencia tiene múltiples impactos negativos en la operación, desde la huella ambiental hasta las finanzas. Investigadores brasileños revelaron que el costo del transporte en minas a cielo abierto de tamaño mediano o grande puede rondar el 32% de los costos operativos totales de una operación minera. Esto se debe al uso intensivo de equipos y vehículos pesados, como camiones y excavadoras, que consumen grandes cantidades de diésel debido al manejo de volúmenes significativos de minerales y diversos materiales.

“Las empresas mineras están empezando a considerar y evaluar en sus diseños y ampliaciones estas tecnologías bajo criterios de eficiencia energética, ahorro de costos operativos a largo plazo, sostenibilidad y responsabilidad social en la toma de decisiones”, afirma Vanessa Moreno, country mánager de Schneider Electric para Bolivia y Perú.

Esto se vuelve crucial en un país en el que se importa el 86% del diésel, principal fuente de energía de las operaciones mineras. El Balance Energético Nacional 2018-2022, del Ministerio de Hidrocarburos y Energías, revela que en Bolivia el 75,82% de la energía que se consume en el macrosector Agropecuario, Pesca y Minería proviene del diésel y el 24,18% de la electricidad.

Es importante señalar que en 2023 una de las operaciones mineras más grandes del país, Minera San Cristóbal, presentaba en su Reporte de Sostenibilidad que su consumo fue del 45,78% de electricidad y 0,72%. de gasolina, siendo un aspecto positivo, caso contrario ocurre en proyectos mineros que no innovan, que no implementan nuevas tecnologías y que no están comprometidas con la sostenibilidad y las prácticas empresariales responsables donde el consumo de diésel puede llegar al 100%.

Para revertir esta situación, se presentan soluciones de digitalización y automatización para segmentos intensivos en uso de energía. El software Aveva, por ejemplo, gestiona y optimiza los contratos de energía de estas empresas con mayor contenido renovable, le ayuda a diagnosticar y elaborar sus hojas de ruta de sostenibilidad y les provee nuevas soluciones innovadoras libres del peligroso gas artificial SF6 (utilizado en equipos eléctricos de alta tensión) para las subestaciones eléctricas de esta y otras industrias, detalla Moreno.

Respecto a las soluciones basadas en inteligencia artificial destaca el Ecostruxure Microgrid Advisor, este software gestiona igualmente la huella energética y de sostenibilidad, conecta los recursos energéticos distribuidos, y pronostica y optimiza automáticamente cómo y cuándo consumir, producir y almacenar energía. Su algoritmo analiza constantemente datos y tendencias de demanda, para gestionar y optimizar el uso de generadores de energía, estaciones de carga de vehículos eléctricos, baterías, generadores de respaldo, sistemas HVAC (de climatización y ventilación), sistemas de iluminación, sistemas de alimentación ininterrumpida, calor y energía combinados, y disponibilidad y costos de los servicios públicos.

La desafiante tarea de reducir las emisiones de CO2, ser más eficientes en el uso de la energía y la mejor gestión del agua están ligadas directamente con la optimización de los procesos productivos. La tecnología y digitalización actúan como facilitadores para lograr un mejor uso de esos valiosos recursos.

En ese sentido, la minería necesita avanzar hacia procesos más verdes y sostenibles, para lo cual se vuelve fundamental contar con infraestructuras tecnológicas que den lugar a la optimización de sus procesos, el aumento de la eficiencia y la protección del medioambiente, sobre todo considerando su rol clave en el proceso de transición energética que está aconteciendo a nivel nacional y global.

“Hace solo tres o cuatro años, muchas compañías consideraban que la migración hacia procesos más digitales y automatizados era un desafío lejano. Sin embargo, tras el paso de la pandemia y la normalización de una cultura más digital en la industria, el nuevo desafío se encuentra en adopción: reducir costos operativos, la atracción de talentos que entiendan esta alfabetización digital y que promuevan la adopción de sistemas avanzados en analítica”, sostiene Moreno.

Las empresas que han logrado sortear este desafío han superado las expectativas con éxito, tanto desde el punto de vista de la productividad como del negocio en sí mismo. Para 2024, se espera que continúe el crecimiento del uso de la tecnología digital en el país.

A este proceso coadyuvarán las soluciones y servicios de Schneider Electric presentes en esta región, los cuales se orientan a la gestión de la energía eléctrica, automatización industrial y la tecnología de software. La empresa, líder en la transformación digital de la gestión de la energía y la automatización, hace un llamado a los responsables de la toma de decisiones energéticas para que den prioridad a las actualizaciones digitales con el fin de aprovechar el potencial de las redes del futuro sostenibles, resistentes, eficientes y flexibles.

Al momento, el 92% de las fuentes de energía primaria de la matriz energética bolivianas dependen del gas natural y el petróleo. Y ante la disminución de las reservas de hidrocarburos, el aumento de las importaciones de combustibles y la escasez de divisas se hace imprescindible la búsqueda de fuentes alternativas de energía que ayuden a afrontar el crecimiento de la demanda nacional y los objetivos de exportación de electricidad hacia los países vecinos.

Así, una transición energética justa, impulsada por la eficiencia energética y facilitada por la digitalización y la electrificación, puede acelerar significativamente la descarbonización, abordar la crisis energética, reducir los costos y aumentar la seguridad del suministro.

Esta transformación “no solo conlleva a industrias más amigables con el medio ambiente, sino que también ofrece oportunidades para un futuro más sostenible, resiliente y próspero en muchos aspectos”, destaca Moreno.

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