Editorial
Esta ley se cumple en cualquier sistema de gobierno sean neoliberales o estatistas; en tanto no aceptemos esta realidad, no podremos solucionar la crisis económica de Bolivia. Entendiendo que el desabastecimiento de combustible es consecuencia del problema y no la causa, podremos encontrar la receta más adecuada para la solución. No hay dólares en circulación, porque se agotaron las reservas del Banco Central y además, porque se crearon normativas que limitan y desalientan su ingreso al sistema financiero formal. A mayor escasez del billete verde, se incrementa la brecha entre el precio del valor oficial con el del mercado paralelo, trayendo consigo la inevitable subida de precios de los bienes y servicios. Para reducir la brecha cambiaria, tenemos que captar los dólares y para conseguirlo, el Gobierno necesariamente debe modificar las normativas que las obstaculizan.
Los dólares llegan por cuatro vías: Remesas del exterior, exportaciones de bienes y servicios, inversiones, y por endeudamiento. La captación por la cuarta vía será imposible en tanto se mantengan los asambleístas actuales que ya reflejaron su egoísmo al extremo; en cuanto a las inversiones, no llegarán hasta que no se concretice el cambio de Gobierno. Parte de la salvación está en liberar totalmente las exportaciones e impulsar la producción hacia ese objetivo. Por otra parte, la desconfianza de la población por el evidente mal manejo de la política económica, se acentúa cada vez más induciendo a quienes tienen dólares a moverlos en la informalidad que en las condiciones actuales es lo que más ganancia les genera, en tanto que aquellos que tienen ahorros en bolivianos, buscan convertirlos en billetes verdes, factores que presionan hacia la desenfrenada subida de su valor.
Para revertir la situación, el Gobierno debe intentar recuperar la confianza de la gente y no es difícil conseguirlo. Tiene que dictar urgentemente una normativa, que autorice a los bancos a no hacer tantas preguntas relacionadas a la procedencia de los dólares que ingresan a una cuenta bancaria; esos innecesarios controles en base a una ”falsa moral”, son quizás las principales limitantes para que los tenedores de los billetes verdes (que en Bolivia no son pocos), se animen a mover su dinero en el sistema financiero formal; a esta normativa habría que agregar otra que elimine el ITF y se garantice su libre disponibilidad para lo que se le venga en gana. Con solamente aplicar estas normativas, con seguridad que automáticamente aparecerán los dólares de diferentes lugares con sus consecuentes beneficios. ¿Se animan?. Ya no tienen nada que perder.
