Editorial
Se percibe mucha preocupación en la población por la situación económica del país; no es para menos, ya que no se avizora pronta solución a la escasez de dólares, se mantiene el problema de los combustibles, los productos de la canasta básica familiar continúan en alza y en algunos casos hasta ya escasean. Economistas y empresarios, tenían la esperanza de que el PGE 2025, contendría cifras que darían señales, aun que no de girar drásticamente hacia un modelo de libre mercado, pero por lo menos hacer algunos ajustes elementales, principalmente en cuanto a los gastos fiscales que se comen gran parte del presupuesto.
El PGE presentado no refleja ningún plan para reducir el déficit fiscal, no se atreven a recortar sus planillas ni a las empresas públicas deficitarias, situación que ahondará mucho mas la crisis económica con riesgo de ocasionar la alteración del orden social; se puede evidenciar también, que continuarán las medidas populares de la subvención a los combustibles y el mantenimiento del tipo de cambio fijo, políticas que incentivan el crecimiento del contrabando, al cual el Gobierno en su intento de controlarlo, aplica medidas discrecionales cuyo perjuicio arroja mayor costo que beneficio.
Por otro lado, el Estado y en su afán de recaudar mayores ingresos, cada vez presiona más al empresariado formal a través de sanciones y congelamiento de cuentas que están induciendo al cierre de varias empresas, lo cual desemboca inevitablemente en el despido de personal, quienes pasan a engrosar la fila de desempleados o de emprendedores informales. La asfixia que Impuestos Nacionales está ejerciendo sobre los contribuyentes, ahuyenta las inversiones, alejando cada vez más la posibilidad de traer los dólares que se necesitan para dinamizar la economía. No obstante lo expresado, que todos, absolutamente todos (quizá a excepción de la cúpula gubernamental) lo estamos sufriendo en carne propia, el problema todavía tiene solución.
Tenemos que valorar que Bolivia cuenta con un gremio empresarial muy resiliente que siempre está innovando para sortear las diversas dificultades, respaldado por un tejido institucional que de manera incansable está constantemente buscando caminos de entendimiento con el Gobierno, quien, (despojándose de la presión ideológica que tanto daño hace) debe bajar al llano para escuchar e intercambiar criterios, entablando una conversación sincera, al cual debe sumarse la academia, para así en conjunto definir la fórmula consensuada que debemos aplicar para salir de la crisis.
El Director
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