Editorial
Todo fanatismo es dañino, algunos fanáticos religiosos limitan su progreso personal en pro de su fe, el del futbol pierde el control de sus impulsos y emociones al cometer actos vandálicos cuando pierde su equipo favorito; pero el fanatismo más perjudicial resulta ser el político, que cegado por el parámetro ideológico impuesto, no permite evaluar y detectar de manera objetiva la realidad que le circunscribe, induciendo a cometer actos que afectan a la comunidad incluso a todo un país.
Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el fanatismo es una actitud de adhesión y defensa incondicional de una persona, doctrina, religión u otra causa, que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida y tenaz; anula el sentido crítico que puede llevar a la intolerancia y a conductas irracionales generando conflictos en la sociedad; se caracteriza por una identidad solidificada e impermeable a nuevas experiencias.
El fanatismo político tiene dos procedencias, la intelectual que se origina en las aulas universitarias y la inducida que se inculca en la masa poblacional carente de conocimientos y de bienestar. Para prevenir y evitar la propagación de este mal, para el primer caso, las universidades (principalmente las privadas), deben incluir en su malla curricular de las carreras de ciencias sociales, alguna materia que oriente adecuadamente en este tema al futuro profesional, en tanto que para el segundo caso, más dependerá del sistema político que aplique el Gobierno en ejercicio.
¡Ah!, la pregunta del millón, ¿y cómo solucionamos el problema actual?; aparentemente existen tres alternativas, empezando por una reacción razonable de la institucionalidad, pasando por la paciencia de esperar hasta las próximas elecciones donde el electorado después de lecturar lo vivido en este tiempo, tendrá un mejor raciocinio al momento de elegir a su gobernante. La tercera opción consiste en seguir intentando hacerle entender al Gobierno, sobre la urgencia de desprenderse de su parámetro ideológico, para lograr una visión objetiva de la realidad que le induzca a corregir su política actual en beneficio del país. Esperemos que así sea.
El Director