El Corazón de Sudamérica sufre un infarto logístico

El Corazón de Sudamérica sufre uninfarto logístico

Por: Silvia Quevedo Agente de Carga Internacional AG LOGISTICS SRL y Emprendedor Co creador de CAMEBOL / AMECOMEX BOLIVIA / RIMEL

Nos vendieron por décadas la romántica idea de que Bolivia es el «corazón de Sudamérica». Pero en el comercio exterior, un corazón cuyas arterias se bloquean cada semana no es un motor de desarrollo, es un problema sistémico. Mientras en nuestras carreteras los choferes cocinan a la orilla del asfalto esperando un cuarto intermedio, en el Chaco paraguayo y el norte peruano se respira el aire de un progreso que decidió esquivarnos. Como agente de carga que respira el día a día de las fronteras, lo digo sin anestesia: Bolivia ha dejado de ser el puente del continente para convertirse en un estorbo geográfico que el mundo ya aprendió a rodear.

Las cifras de la gestión de Rodrigo Paz —heredadas o propias, poco importa al importador o exportador que pierde capital en cada bloqueo— son la autopsia de una oportunidad perdida. El Índice de Desempeño Logístico (LPI) del Banco Mundial nos escupe la verdad en la cara: ocupamos el puesto 115 de 139. Pero el dato que debería darnos vergüenza es el puesto 129 en puntualidad. En logística, si no eres puntual, no existes. Y Bolivia, con su «BLOQUEOCRACIA» crónica, ha decidido dejar de existir para los mercados globales.

Bolivia como obstaculo geografico

Como boliviana es doloroso ver cómo el Corredor Bioceánico de Capricornio ya es una realidad operativa, pero fuera de nuestras fronteras. Paraguay, ese vecino al que antes mirábamos como igual por no tener mar, nos ha dado una lección de visión país. Con el puente Carmelo Peralta listo para consolidar el flujo este mayo del 2026, Brasil y Chile ya no necesitan pedir permiso ni rogar que no haya un bloqueo en el Chapare o en Santa Cruz para mover su carga. Nos han hecho un bypass histórico, es decir: han construido una vía alterna a nuestra inestabilidad. De los seis corredores bioceánicos proyectados para integrar la región, Bolivia es el único país que ha logrado sabotearlos todos desde adentro.

El costo de este suicidio logístico es astronómico. Solo en los primeros seis días de enero de este año, los bloqueos le arrebataron al país 120 millones de dólares. Ver 600 camiones exportadores varados es ver cómo se queman 2.5 millones de dólares diarios de la agroindustria, un sector que hoy sobrevive a pesar del Estado y no gracias a él. Como emprendedor, la pregunta es inevitable: ¿Quién en su sano juicio va a firmar un contrato de exportación desde Bolivia si el flete ya viene castigado con un 30% de sobrecosto por «riesgo país»?

El camino del comercio exterior

El gobierno actual de Rodrigo Paz ha lanzado tardíamente propuestas de leyes antibloqueo después de los ajustes económicos, pero el daño reputacional está hecho. Las navieras y los operadores internacionales no leen la Gaceta Oficial; ellos leen cronogramas de entrega, y los nuestros están rotos. Movilizamos un promedio de 1,500 camiones de comercio exterior al día entre importación y exportación, y cada vez que uno se detiene, se detiene la confianza del mundo en nosotros.

Recuperar nuestra competitividad no es solo una tarea de decretos o de asfalto; es una tarea de conciencia nacional. Debemos entender que cada piedra en el camino es un paso atrás en nuestra calidad de vida. El comercio exterior lo construimos todos: desde el transportista que cuida su carga, el agente que gestiona la logística, hasta el ciudadano y el político que deben entender que el derecho a la protesta no puede ser el certificado de defunción de nuestra economía. O recuperamos nuestras rutas hoy, o aceptamos que el «Corazón de Sudamérica» se ha quedado solo, estancado y, lo peor de todo, olvidado por el progreso que ya circula con fluidez de por los caminos que no pudimos cuidar.