Pensando el Coronavirus

Fernanda Wanderley es directora del Instituto de Investigaciones Socio-Económicas de la Universidad Católica Boliviana (IISEC-UCB), doctora en Sociología por la Universidad de Columbia en Nueva York, mediante una entrevista concedida a Datos, afirma que los jóvenes son indispensables para construir un futuro con oportunidades y justicia social.

¿Es correcto decir que uno de los efectos de la pandemia será el cambio radical de la forma como veíamos y entendíamos la sociedad hasta antes de producirse?

Yo creo que la pandemia refuerza un proceso en construcción hacia un cambio de época. Tenemos la oportunidad de avanzar nuevas vías de desarrollo bajo el paradigma de satisfacer las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras, en un marco democrático y de justicia social. Sin embargo, enfrentamos desafíos estructurales para transformar la forma como producimos y consumimos bienes y servicios respetando los equilibrios biofísicos, erradicando la pobreza y distribuyendo la prosperidad entre todos los seres humanos.

¿El papel de los jóvenes será indispensable para definir una nueva estructura social? ¿Crees que cuando comiencen a gobernar los millennials, la política se hará más de izquierda?

Estoy segura que los jóvenes son indispensables para un futuro democrático, sustentable ambientalmente y más justo socialmente. Sus aspiraciones son mucho más complejas que las aspiraciones de las generaciones anteriores. Son conscientes que su futuro depende de acciones inmediatas para proteger el patrimonio ambiental y garantizar una mejor calidad de vida. Los jóvenes expresan el deseo de una vida más equilibrada, de pertenecer a comunidades libres de discriminaciones y violencias de todo tipo, solidarias y más justas. Hoy crece el número de jóvenes en los diferentes países que se movilizan en acciones colectivas en defensa de sus instituciones democráticas y del medio ambiente. El año pasado vivimos en el país la movilización de los jóvenes en el incendio de la Chiquitanía y en la defensa de elecciones libres e idóneas.

Los líderes mundiales posiblemente no tengan reservados pronósticos de los peligros que vendrán -aunque se ha dicho que Bill Gates sabía del virus y que los chinos no lo alertaron a tiempo-. ¿Crees que la consecución de fenómenos sociales que se vinieron sucediendo antes del Covid 19 producto del desarrollo tecnológico eran en sí una premonición de que nos dirigimos a una tragedia?

Estamos vivenciando un fenómeno que cientistas y ambientalistas ya venían alertando hace tiempo: desastres sanitarios y ambientales con efectos de difícil previsión. Hoy es una crisis sanitaria. Mañana puede ser los impactos del cambio climático. La Pandemia pone de manifiesto el descaso con el medio ambiente y nuestra incapacidad de escuchar las alertas continuas de la ciencia. No fue una premonición, fue un pronóstico basado en evidencias científicas sobre la insostenibilidad de un sistema económico desacoplado y desdeñoso de los equilibrios eco sistémico.

¿Existen soluciones morales para el problema de elegir entre vida y economía?

Para mí este es un falso dilema. La vida humana es central, y cuando está en riesgo, también está la economía.

¿En los países pobres se justifica no cerrar la economía y correr el riesgo de que haya algunas muertes? Siguiendo la idea, ¿salir de la cuarentena plantea un problema ético?

No hay justificativa para abrir la economía mientras existe el riesgo de muertes. La vida humana es lo principal en cualquier país. Mientras no se garantice las condiciones sanitarias imprescindibles para salvar la vida humana, suspender la cuarentena es un acto irresponsable y no ético. Nuestro desafío es garantizar las condiciones necesarias para que todos los habitantes puedan respetar el confinamiento con la provisión necesaria de recursos a la población en situación de privación económica y más vulnerable. De igual manera prever las medidas necesarias para una salida segura de la cuarentena.

Como un país de renta media, Bolivia está en el grupo con limitado espacio fiscal para solventar los costos que requieren las medidas necesarias para salvar la vida de sus habitantes y reactivar la economía. La Cepal estima que Bolivia tendrá un crecimiento negativo de -3% en 2020. Además, enfrentamos problemas sociales estructurales como la alta informalidad del trabajo, pobreza y desigualdad, y sistemas fragmentados y deficitarios de protección social. A los problemas económicos y sociales se suman la debilidad institucional y la situación política compleja que dificulta la coordinación entre los distintos niveles gubernamentales, partidos políticos, poderes del Estado (ejecutivo, legislativo y judicial) y entre el sector público y los actores económicos nacionales.

Los desafíos son grandes y para enfrentar el distanciamiento social y la recuperación económica se requerirán políticas y medidas económicas y sociales integrales y de nueva generación.

Hay actores sociales que plantean una dicotomía del momento social y la condición de aislamiento, dicen «no salimos de casa, pero hay millones de personas que están en la calle». ¿Crees que la salud pública está muerta hace muchos años como resultado de ese planteamiento, sobre todo en países menos avanzados?

Deberíamos salir de la pandemia con la comprensión de que la salud es un bien común de máxima prioridad. Si logramos dar este salto, exigiremos de los gobiernos destinen inversión significativa para el fortalecimiento de la cobertura y de la calidad del sistema público universal de salud. El sistema de salud en Bolivia presenta deficiencias importantes – baja cobertura, rezago en la respuesta a los cambios epidemiológicos y fragmentación en cajas corporativas-, que no fueron superadas pese a la bonanza económica significativa que tuvimos entre 2005 y 2014.

Una parte del foco de preocupación sobre el virus está mayormente concentrado en el consumo de animales salvajes. Hay un esfuerzo internacional para cerrar los mercados en los que se venden y sacrifican animales para consumo humano ¿La sociedad va a generar respuestas frente a este tipo de hechos que ya se venían reclamando?

Considerando que la pandemia ocurrió por el traspaso del virus de un animal salvaje a los seres humanos, es fundamental no solo el control del consumo de animales salvajes a nivel global, como también el control de la deforestación, la contaminación del aire, agua y suelo, y el calentamiento global entre otros factores que generan los serios y peligrosos desequilibrios ambientales.

Desde otro punto de vista, el desarrollo de la tecnología digital idealizaba un mundo feliz; con sistemas igualitarios de distribución de la riqueza, justicia social, reivindicaciones básicas resueltas, medio ambiente ¿cuál es tu percepción al respecto?

El desarrollo de la tecnología tiene sus ventajas y desventajas. La ciencia nos está permitiendo combatir el virus y la tecnología digital es un vehículo fundamental para la comunicación, el acceso a información y la continuidad de muchas actividades económicas y educativas. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología digital propicia fenómenos negativos como las fakenews, la manipulación de las opiniones con el debilitamiento de las democracias. Uno de los desafíos del siglo XXI es aprender, a través de la educación, como desarrollar las tecnologías que sirvan para el bien común y como utilizarlas correctamente. No menos importante es que la pandemia pone al desnudo las desigualdades digitales, siendo este un elemento central de la inequidad educativa en el siglo XXI.

¿Qué opinas del control social que se ejerce a partir del uso de la tecnología, estamos en una fase avanzada de convertirnos en sociedades totalitarias e individualistas?

El avance tecnológico y la capacidad de acceder a datos sobre la salud y el comportamiento de la población pueden tener efectos positivos o negativos, pueden fortalecer o debilitar los regímenes democráticos. No soy fatalista y más bien creo que los resultados dependen de la capacidad de las sociedades para defender sus sistemas democráticos y sus instituciones plurales. Cabe a nosotros exigir límites de concentración de la información y transparencia del uso de los datos por parte de las empresas y los gobiernos. Por supuesto un programa de educación digital es central.

¿La pandemia deja lecciones importantes?

La pandemina, un evento inesperado para la mayoría y dramática más para unos que para otros, pero universal en el sentido más preciso de esta palabra, nos deja importantes lecciones. La pregunta es si seremos capaces de aprender de esta experiencia y transformar este conocimiento en acciones concretas y sostenidas. Mientras el virus COVID-19 se fue alastrando por todo el mundo, experimentamos en lo más profundo nuestra condición de humanidad que habita una sola casa común – nuestro planeta-.  Al mismo tiempo, la crisis sanitaria global puso al desnudo las desigualdades económicas y sociales entre los países y al interior de los mismos. Asistimos en vivo y en directo la pobreza y la precariedad en que viven millones de personas y familias.

También nos deja la lección de que si todos los habitantes de un país, de una región y del planeta no están sanos y no tienen una vida digna, todos estamos en riesgo. Creo que se abre la esperanza de dejar atrás la indiferencia con la pobreza y las desigualdades.

Otro aspecto central es la comprensión del valor del trabajo de cuidado en las familias, en la salud y en la sociedad. La medida de distanciamiento social pone de manifiesto cuales son las actividades más importantes para la sostenibilidad de la vida: el aseo, la compra y la preparación de alimentos, la atención de los niños, adultos mayores, personas enfermas y con discapacidad. Trabajos que todavía no son correctamente valorizados social y económicamente. De igual manera la pandemia está visibilizando el valor de los trabajadores remunerados sin los cuales no podemos sobrevivir: el personal de salud, los productores y vendedores de alimentos y medicinas, los trabajadores de recojo de basura, entre otros.

¿La pandemia agrava la desigualdad entre hombres y mujeres?

El aislamiento social, el cierre de las escuelas y el aumento de las personas enfermas incrementan los trabajos no remunerados y de cuidado en las familias y, a su interior, la sobrecarga del trabajo de las mujeres. Esta situación es mucho más grave en los hogares con hacinamiento y sin acceso a servicios básicos. La desigual distribución de los trabajos de cuidado es una dimensión central de la inequidad de género.

Aún más preocupante es la vulnerabilidad de las mujeres víctimas de violencia intra-familiar que, en la actual coyuntura, se encuentran confinadas con sus agresores. Este ya era un problema muy grave en el país con el incremento de los casos de agresiones físicas y psicológicas y de feminicidios. Como muestra de ello, en promedio 5 de cada 10 mujeres entre los 15 y 18 años habían sufrido violencia en los espacios públicos, educativos y en el hogar antes de la pandemia. La cuarentena ha puesto en evidencia que la violencia se ha incrementado en el ámbito familiar. Hasta el final de abril se contaba con 1,872 denuncias por violencia familiar según la Felcv.

Datos / Contacto Económico