Hotel Museo Cayara, un lugar que evoca historia, brindando las comodidades de la modernidad y sin renunciar a la belleza de la arquitectura colonial

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A 23 kilómetros de la ciudad capital de Potosí, sobre una altitud de 3.550 msnm, en medio de circuitos turísticos, con dos ríos que dan nacimiento al río Pilcomayo, fue construida en 1557 la hacienda Cayara por Juan de Pendones, que luego de pasar por otros dos propietarios, llegó a manos de la familia Aitken, quienes, luego de algunas modificaciones y adaptaciones lograron convertirlo en un imponente hotel museo que, según sus registros, a la fecha han recibido la visita de siete presidentes de Bolivia, así como de diversas personalidades internacionales. Los propietarios intermedios entre la familia Pendones y los Aitken fueron los Tellaheche y luego los Soux; la primera restauración la realizó el segundo propietario en 1880, en tanto que los Aitken efectuaron la siguiente modificación en 2005 sin cambiar la arquitectura original. Actualmente el hotel cuenta con 16 habitaciones con baño privado y 33 camas.

Reliquias que reflejan una interesante historia

El hotel museo, atesora valiosas reliquias en ocho salas de exposición cuidadosamente ordenadas: la sala de pinturas con una variada colección que data desde 1878; el antiguo comedor denominado “Lilli Soux de Aitken”, en homenaje a la madre del ingeniero Jack Aitken; la habitación de la Marquesa de Cayara, Dominga Paloma, denominada “El Nido”; la biblioteca antigua de Cayara, que contiene un compendio de libros con ediciones únicas desde el siglo XVI; el cuarto del Mariscal Antonio José de Sucre; Biblioteca nueva, con una colección de cronistas de la época colonial que cuentan la historia de Potosí; el salón de armas, que contiene una colección completa de piezas de la historia militar de Bolivia. Finalmente, el lugar más antiguo de la hacienda es la Capilla que conserva un altar con láminas de oro.

Circuitos de aventura

Circundante al hotel, se encuentra la estuquera, la lechería con su planta de industria de lácteos y la planta hidroeléctrica que les alimenta de energía a excepción de la estuquera que recibe energía eléctrica de la ciudad. Cuenta con circuitos turísticos, aptos para la aventura de los visitantes, encontrándose entre ellos, el Itata, conocido como el pueblo de los brujos, está rodeado de piedras con figuras geométricas y en el camino se ven piedras brillantes como efecto del cuarzo en el tufo volcánico. La Laguna, está rodeada de acantilados donde se aprecia la fauna de la zona; la ciudad de piedra, se encuentra a 6 kilómetros del hotel y cuenta con corredores y pasadizos de arena blanca; Las siete cuevas, ubicada a dos kilómetros de la hacienda y que fue construido a finales del año 1800. “Ojo del Inca”, localizada a 15 kilómetros de la hacienda, donde se puede disfrutar de los baños termales, que en tiempo del incanato solo la podía utilizar el Inca supremo.

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