ELECCIONES APRESURADAS, DECISIONES IRRESPONSABLES

Convocar a elecciones para el seis de septiembre en las circunstancias actuales, es dar muestras de una indignante indiferencia a la penosa situación de salubridad en la que nos encontramos, además de reflejar un total desconocimiento de la realidad económica y social del país. ¿Qué tanto creen que vamos avanzar en controlar la pandemia del Covid-19 en los escasos tres meses que faltan para el día de las elecciones, si en dos meses y medio de cuarentenas y aislamientos no alcanzamos atender ni siquiera a la tercera parte de la población que se encuentra en riesgo de contagio?

En el aspecto económico, sabemos que todos los países afectados por la pandemia, están ingresando a una fuerte recesión, unos en mayor proporción que otros en la que Bolivia, no puede ser la excepción y por tanto, destinar recursos a unas elecciones que si bien son importantes y necesarias, pero que por ahora no son de prioridad nacional, significa despilfarrar dinero que tanto se está necesitando para apoyar a los emprendedores que son los principales generadores de fuentes de empleo y en consecuencia quienes contribuirán finalmente a reactivar la economía.

Que Jeaninne Añez asumió la presidencia solamente para pacificar al país, convocar y concretar las elecciones, por supuesto que sí, pero eso se daba en una situación de normalidad; ahora estamos en estado de “guerra” y todos (oficialistas y opositores), debemos unir esfuerzos para ganarla por el bien de la población boliviana. Que hay mucha corrupción, claro que sí, notorio y escandaloso por demás, pero, ¿en qué gobierno no lo hubo?, por favor, ningún candidato ni partido político puede arrancarse ahora las vestiduras, mucho menos los ex gobernantes.

No pretendo justificar los delitos de corrupción de este ni de ningún otro gobierno, en lo absoluto; todo acto irregular debe ser condenado y sancionado, pero utilizar estos argumentos para apresurar unas elecciones que por ahora no son prioritarias es una falacia, ya que por el contrario absorberán muchos recursos económicos y distraerán tiempo útil. Es necesario reflexionar un poco pensando en las consecuencias negativas que puede acarrear para la salud y la economía de la población. Resolver la crisis es tarea del gobierno, pero acompañarlo y apoyarlo en su objetivo es derecho y responsabilidad de todos.

Harold Dávila Ruiz Director General