El nuevo presidente de la Asociación de Bancos de Bolivia (Asoban), es un economista de profesión, que se enorgullece de ver crecer a sus clientes y en su nuevo reto de presidir Asoban, profundizará las buenas relaciones con sus asociados y el ente regulador. Es graduado de la Universidad de Notre Dame (EEUU) y con una maestría en administración de negocios (MBA) de la Universidad de McGill (Canadá).

Editorial

El enemigo no es el empresario, es la pobreza

Estando a pocos días para que el Gobierno defina el alza salarial y antes de que efectivamente se les vaya la mano (como dijera Gary Rodríguez en su columna de El Deber del 18 del mes en curso), al determinar aumentos con poco criterio técnico que pueden afectar la economía del país, consideramos que es pertinente buscar el consenso en una reunión tripartita que incluya la participación del gremio empresarial. La reducción de los ingresos a las arcas del gobierno en sus tres niveles, por la caída de las regalías de la venta de hidrocarburos, está afectando el movimiento económico del país y por consiguiente de muchas empresas. Entonces, pretender tomar decisiones sin considerar la opinión de los empleadores, puede tener un efecto boomerang en contra de la generación de empleos que de por sí, ya se encuentra diezmada por las situaciones expuestas. La COB está en todo su derecho de velar por el bienestar del trabajador, pero tampoco se puede pedir más allá de las posibilidades reales. Alguien dijo una vez: “no se debe ver al empresario como la vaca lechera a quien hay que exprimirle todas las tetas hasta secarlas”; debemos valorarlo en su real dimensión, puesto que asume riesgos para mantener fuentes de empleo, que es la mejor manera de generar riqueza y distribuirla lo más equitativamente posible. Obviamente que se requiere de la mediación del Gobierno nacional, pero su participación no tendrá la efectividad que se busca, si uno de ellos no está en la mesa de negociaciones. Frente a las propuestas, tienen que presentarse contrapropuestas, pero tiene que ser de la contra parte y no del mediador, ya que la función de éste es la de consensuar intereses de ambas partes de manera neutral e imparcial. El enemigo no es el empresario ni el gobierno, tampoco el trabajador, es la pobreza.

El Director

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