Editorial

Empresas de propiedad social, ¿jugando con fuego?

El gobierno del MAS en su intento de contrarrestar el inminente incremento del desempleo que se vendrá como consecuencia del alza salarial dictaminado para el 30% de la fuerza laboral (el 70% está en el sector informal), está estudiando la aplicación de una serie de disposiciones en el ámbito económico, incluso algunos de carácter político social. Es digno de valorar la iniciativa porque es peor no hacer nada; sin embargo, al estudiar una determinada estrategia, se debe cuidar principalmente que la dosificación del remedio no resulte peor que la enfermedad.

En ese sentido, nos preocupa la gestión que están realizando para desarrollar una ley que permita la cesión de los derechos de propiedad de las empresas que ingresen a un proceso de liquidación o quiebra hacia sus trabajadores. Cualquier forma que adopte, igualmente será contraproducente y que inexorablemente, contribuirá a un mayor deterioro de la economía nacional. Toda empresa quiebra cuando los gastos superan a los ingresos y en la mayoría de ellas especialmente en las chicas y medianas, las planillas representan su mayor caudal de egresos.

Para que los ingresos se incrementen, se requiere vender más; pero en una economía en desaceleración, la demanda se achica frente a la oferta, consecuentemente la recaudación de dinero en lugar de aumentar disminuye. En este caso al empresario le quedan dos opciones, reduce sus costos (incluido planillas) o cierra; salvo, repito salvo, que busque mercados en el exterior y para lograr aquello, requiere que su gobierno además de brindarle las facilidades pertinentes, le apoye decididamente en esa causa. Por otro lado para brindarle la confianza al empresario, habría que empezar liberando las exportaciones que actualmente se manejan con cupos, ¿lo hará…?.

El experimento de las empresas de propiedad social, ya se hizo en Perú allá por el año 1971, cuando gobernaba el general Juan Velasco Alvarado que derrocó mediante golpe militar al entonces presidente democrático Fernando Belaúnde Terry. Los trabajadores (nuevos propietarios) que recibieron “sus” empresas bajo este pretexto, mas demoraron en organizarse e instalarse que en cerrarlas, con su consecuente daño a la economía peruana; como todos se sentían dueños, ya nadie quería trabajar y ninguno aceptaba ser mandado por el otro. ¿Para qué pretender descubrir la pólvora si ya otros lo hicieron?.

El Director

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