Todo cambio brusco genera resultados defectuosos

No cabe la menor duda que el señor Evo Morales al asumir la presidencia en enero de 2006, lo hizo con la mejor de las intenciones para servir a su país y transformarlo en una potencia económica y política; pero además y quizá lo más importante, convertir a su población en una sociedad sin discriminación y exclusiones. La combinación de cualidades y atributos del binomio presidencial Morales – García Linera, retroalimentaba la complementación ideológica de ambos que al sumarse, potencian su capacidad de gestar políticas y decisiones que apuntaran a lograr los cambios en el menor tiempo posible y probablemente, la desesperación por conseguir su objetivo de forma acelerada, les indujo consciente o inconscientemente a ejercer un control político ilimitado sobre los otros poderes, con las consecuencias que ya todos

conocemos.
Difícilmente un gobierno socialista podrá alcanzar sus metas sin interferir en el Poder Judicial y sobre el Legislativo; el socialismo se difunde, pero también se lo impone (unos con mayor presión que otros); es aquí precisamente donde empiezan a germinar los primeros actos de corrupción que a medida que va pasando el tiempo resulta más difícil detectar y frenarlo. Algunos miembros del poder Judicial al someterse ante el Ejecutivo, se sienten con derecho a “cobrar” por ese sometimiento y lo mismo sucede con el Legislativo (también unos cuantos obviamente); cada uno lo hace a su manera capeando controles y limitaciones según sus aspiraciones y de acuerdo a las oportunidades que se les presenta (la ocasión hace al ladrón, dice un viejo proverbio) y para mencionar ejemplos sobran los dedos de la mano.

A medida que la cúpula presidencial aumenta su poder y soberbia como consecuencia de su injerencia sobre los demás poderes del Estado, los colaboradores cercanos cada vez van perdiendo criterio y visión propia de la realidad, convirtiéndose en simples secretarios funcionales, situación que anula su sentido autocrítico limitando su capacidad para orientar de manera objetiva y oportuna al presidente tanto en las tareas de gobierno cuanto más en lo doméstico; una muestra de esta aseveración, es la forma burda de las declaraciones poco creíbles y nada convincentes y en algunos casos hasta contradictorios, que hacen algunas altas autoridades en su intento por liberar de responsabilidades al señor Morales en el caso Zapata CAMC. Oficialistas y no pocos opositores, se resisten a creer que el Presidente esté involucrado en actos de corrupción y mientras no se le pueda demostrar debemos concederle el beneficio de la duda; al final, tarde o temprano se conocerá la verdad.

El Director

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