La soya continúa liderando producción oleaginosa

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Se prevé que hasta un 30 % de la producción del grano de oro estará destinado al consumo nacional y el resto será exportado a Colombia, Perú, Ecuador y Chile, en menor proporción a Venezuela.

El norte del departamento de Santa Cruz se destaca por la expansión agropecuaria, y está considerado como el granero de Bolivia, por sus grandes extensiones de cultivos y las inversiones que se realiza para que éste continúe su desarrollo.

La producción de soya es una de las más rentables, no solo en el departamento, sino en el país ya que genera millonarias cifras. Santa Cruz es el proveedor nacional de este grano que año tras año aumenta en número de hectáreas cultivadas, toneladas de soya cosechadas y exportadas.

Antes los pequeños productores soyeros se dedicaban a sembrar en diversos predios y aplicaban métodos de conservación de suelos. Ahora, debido a la presión productiva y de mercados, han desmontado en promedio 20 a 50 hectáreas por año para implementar el monocultivo mecanizado de soya.

Esta mecanización del agro, considerado como la modernización y avance del sector agrícola, si se lo realiza sin ninguna asistencia técnica, provocará la degradación de los suelos, de ahí la preocupación del Estado por implementar mayores opciones para el agricultor.

La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) se prepara para la siembra de esta campaña de verano 2016-2017, donde se tiene previsto sembrar al menos un millón de hectáreas con soya.

Reinaldo Díaz, presidente de Anapo destacó que la soya es el principal cultivo que producen más de 14 mil productores, y el que garantiza la producción de otros alimentos estratégicos como el maíz, sorgo, trigo y girasol, que son producidos en el marco de un manejo sostenible, con el uso de la siembra directa y la rotación de cultivos.

Por su parte Rolando Cuéllar Saldías, responsable del Instituto Nacional de Innovación Agropecuaria y Forestal (Iniaf) Santa Cruz, indicó que los pequeños agricultores representan alrededor del 70% de los productores de soya, sin embargo el 2% de los productores de esta oleaginosa son grandes propietarios y conforman el grupo de empresarios que controlan la producción, procesamiento y comercialización de la soya en Bolivia.

“Nosotros como Iniaf incentivamos al agricultor a sembrar productos alternativos a la soya, para que de este modo podamos recuperar las virtudes de la tierra, la cual se está desgastando por el monocultivo y el uso de maquinaria, que daña y endeuda al agricultor”, señaló Cuéllar.

Según el titular de Anapo, esta creciente expansión del grano es la única que da garantías al productor de poder rescatar lo invertido, ya que el Estado no da la seguridad jurídica, ni la garantía del control del contrabando que va en desmedro del pequeño y mediano productor.

Aquí hay dos zonas productoras, al norte desde Chané hasta Canandoa, sumando aproximadamente 300 mil hectáreas y al este desde Pailón hasta El Puente, donde se siembran aproximadamente 700 mil hectáreas de soya en verano y otros cultivos en invierno. “En la última campaña de invierno hubo pérdidas, principalmente por la sequía, lo que derivó en un rendimiento menor a las dos toneladas que se tuvo en la campaña anterior del invierno”, sostuvo Díaz.

Problemática en el sector

Una de las principales preocupaciones en el sector soyero, es la sequía que golpeó en las dos últimas campañas, provocando daños en los cultivos que en su mayoría quedaron afectados en su rendimiento. “Esta ha sido la sequía más aguda que ha registrado Santa Cruz en los últimos 16 años en la región del oriente del país”, lamentó el Presidente de Anapo.

Ahora los soyeros están a la espera de lluvias para preparar los campos y así poder realizar la siembra de verano 2016 – 2017. Para afrontar esta situación, el Iniaf se ha alineado a las políticas del Estado, basado en la diversificación de cultivos; propone el lanzamiento de semillas que ya no funcionen con una agricultura a secano que se produce con la humedad del suelo, sino a riego, donde se dotará al cultivo de este líquido elemento, de acuerdo con la necesidad y permitiendo al agricultor poder estar en mejores condiciones.

“El Estado está implementando una serie de talleres en todo el norte cruceño, con asociaciones de productores para empezar a usar este sistema, también se requiere de innovaciones e insumos que faciliten afrontar y salir bien parados de eventos climatológicos”, recalcó Cuéllar.

Mientras que Anapo señala que aún se debe continuar con el uso del sistema a secano, porque el productor no tiene el suficiente capital para implementar un sistema de riego.

Para combatir este tipo de contingencias climatológicas se mide la humedad que debe haber para la siembra de la soya, dependiendo de la capacidad de campo. Los agricultores son los que hacen los cálculos para proceder a sembrar de acuerdo a la calidad del suelo y la cantidad de agua caída.

Enfermedades que atacan

La soya desde que está en sus primeros días ya comienza a luchar contra las enfermedades como la roya, mancha anillada y mildiu. En los últimos años la roya ha ocasionado en algunos casos hasta el 90% de la pérdida del cultivo. La roya asiática es un hongo biotrófico que ataca y se manifiesta con puntos pequeños oscuros de máximo un milímetro de diámetro en las hojas inferiores.

La mancha anillada, consiste en una mancha oscura y grande, que cuando la hoja aún está verde presenta un notorio halo clorótico, muchas veces presenta halos concéntricos. Es causada por un hongo que sobrevive en el suelo, con o sin presencia de rastrojos y se lo puede controlar con rotaciones.

El mildiu, es otra enfermedad que comúnmente afecta el follaje de la soya en todas las regiones húmedas donde se siembra, y puede ser parcialmente controlada por el uso de cultivos resistentes o por métodos culturales y químicos. Los productores tienen conocimiento de qué armas utilizar para luchar contra las enfermedades, insectos y hongos, es por ello que se utilizan fungicidas específicos para el control de larga duración.


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Roya asiática
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Mancha anillada
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Mildiu

Semillas que se expondrán en Vidas

Uno de los insumos importantes son las semillas certificadas que realiza el Iniaf a través de una evaluación a todas las que se siembran a nivel nacional, la importancia de esta certificación, es para evitar la propagación de enfermedades. “Hay una serie de talleres que se dan a los agricultores, porque muchos usan semillas infectadas produciendo pérdidas en sus plantaciones y en algunos casos infectan los cultivos vecinos”, añadió Cuéllar.

El CIAT a través de su responsable del Proyecto Oleaginosas, Fernando Morales, señala que en esta oportunidad se va liberar una variedad convencional no transgénica, semilla de Serebó, para este tipo hay un pequeño mercado de un 3% que significa 30 mil hectáreas, a lo largo de los estudios que duraron 5 años tiene un potencial altísimo con rendimientos superiores a muchas de las semillas transgénicas que se encuentran en el mercado.

“No perjudica a las otras variedades, por su buen comportamiento, tiene un ciclo de 110 días intermedios, con una altura de planta de 80 cm en verano y 65 cm en invierno, con un buen potencial en su rendimiento. Esta semilla produce desde 3 a 3.8 toneladas y en invierno de 2.5 a 3 toneladas por hectárea y una de sus características es su tolerancia y buena sanidad a las enfermedades, como la mancha anillada”, explicó.

El serebó tiene una buena maduración para la cosecha con un grano mediano a grande, es decir de 16 a 18 gramos, teniendo un tamaño ideal y de muy buena calidad y estabilidad en las diferentes zonas soyeras mantiene el mismo potencial. “Se tiene 5 toneladas de semilla base que ya se encuentran en los centros de distribución y si el agricultor quisiera probar, ya está disponible para su venta”, aseguró Morales.

Semillas alternativas

El Iniaf en su afán de producir y lanzar semillas alternativas a la soya, presentará dos variedades de arroz la chasqui y la taita, en esta campaña ya se coordina con algunas alcaldías y asociaciones de productores para que ellos multipliquen y produzcan las semillas y las distribuyan o vendan, el Iniaf solo les da la supervisión técnica, los insumos para su producción  y la certificación, tiene un rendimiento de 5.5 a 6 toneladas por hectárea, con un grano grande y con una alta consistencia para la resistencia de enfermedades.

También se relanzará la semilla Iniaf tropical, que fue comprobada en la zona triguera de Santa Cruz, es de ciclo intermedió de 105 días. En cuanto a trigo se tendrá una variedad panadera, muy rica en vitaminas, con una altura de 75 cm con una floración, la mejor espiga de la feria con 12 cm y 18 espiguillas, sacando 58 granos por espiga, que bajo las condiciones de sequía es de buen comportamiento y alta resistencia a los vientos evitando el desgrane. “Estamos seguros que esta variedad es la esperanza para la producción de trigo en Bolivia”, manifestó Cuéllar.

El CIAT expondrá sus semillas motacú, urubó y cupesí, que son muy resistentes a las sequías y a la piricularia y también tienen una alta resistencia a las plagas, a la roya de la hoja y el mitosporium.

Es de ciclo intermedio, cinco días de floración, con un rendimiento de dos toneladas por hectárea, con alto contenido de vitaminas y buen peso, “auguramos que esta semilla será una de las más usadas en esta región como lo es el urubó, por todas las características que tienen en beneficio del productor”, señaló, Morales.

Las maquinarias que usan para la siembra de soya, fumigación y cosecha son máquinas especiales; la mecanización en esta actividad es mayor, por ello se insiste en la agricultura de precisión, en la que se tendría prácticamente todo mecanizado y con mayores rendimientos, además de menores costos.

El aporte del agro

El crecimiento del agro mantiene una parte de la economía del país con un aporte de 15% al PIB, en lo que hace a las exportaciones no tradicionales de Santa Cruz, destacan las ventas de soya y sus derivados, que hasta julio del 2016 alcanzaron un valor de 458 millones de dólares, equivalente al 72% del valor total de las exportaciones del departamento.

Se podría decir que un tercio de la población boliviana trabaja en el sector agropecuario nacional, siendo una actividad privada que genera la mayor cantidad de empleos de forma directa como indirecta. También se debe tomar en cuenta el gran efecto multiplicador de agronegocios, comercialización de productos agropecuarios, transporte, y otros.

Se estima que 1,7 millones de personas trabajan en el sector agropecuario esto es el 30% del universo de la población económicamente activa, de los cuales el 65% está en el sector agrícola y el 35% en el sector pecuario.

 

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