¿Y qué de la medicina tradicional?

Las políticas de control del coronavirus en Perú y Bolivia (países a los cuales les hago el seguimiento respectivo), las dictan en función a los informes y directrices que brindan el ministerio de salud y su respectivo equipo de especialistas; se hace énfasis sobre el aislamiento como principal freno a su propagación, cuyo avance rebasa la infraestructura hospitalaria. Es importante resaltar, la orientación que se brinda a la población en cuanto a cuidados y medidas de protección se refiere, destacando los protocolos de bioseguridad que son muy necesarios. Las ciudades que reportan el mayor número de contagios son las más pobladas y también son en esos lugares, donde se encuentra una mayor resistencia a las políticas de control; es que, el hambre tiene cara de hereje, la parte medular de las grandes poblaciones albergan una gran cantidad de personas y familias (de clase media), que no están en los registros de los “privilegiados” que reciben los bonos y/o canastas solidarias.

Por otro lado, mientras los científicos se concentran en la búsqueda del antídoto que logre frenar la pandemia, para luego gritar al mundo a voz en cuello: “¡señores, encontramos la cura!”; diversos voluntariosos “médicos” naturistas con y sin título, se pronuncian enviando mensajes sobre los valores nutricionales de diversas plantas y su respectiva forma de dosificarse para prevenir el contagio del virus, simplemente aumentando las defensas de su sistema inmunológico; incluso, supuestos contagiados, se atreven a mencionar que lograron curarse con solamente hacerse gárgaras de sal o de bicarbonato de sodio con limón o haciéndose fusiones de eucalipto o kion; también, no faltan aquellos que sugieren tomar extractos de ajo con cebolla, entre otras recomendaciones.

¿Serán ciertas estas aseveraciones o son pura charlatanería?, puede que algunas o muchas sean correctas; la lista de consejeros incluye también, algunos médicos verdaderos de reconocido prestigio nacional que quizá por no conformar la élite de especialistas, no reciben la credibilidad oficial correspondiente, ante una población cada vez más confundida y desprotegida. Aquí cabe preguntarse, ¿por qué las autoridades del ministerio de salud, no se pronuncian al respecto, aprobando o descalificando dichas aseveraciones?, si fuera el primer caso, ¡aleluya!, problema solucionado, suspendamos la cuarentena y cada quien a cuidarse de acuerdo a dichas instrucciones; si fuera lo contrario, entonces habría que encontrar y castigar a estos “charlatanes”, porque están poniendo en riesgo la salud de la población; ¿es que acaso, es más fácil hacerse los oídos sordos por celo profesional?; las autoridades están obligadas a brindar la explicación correspondiente.

Harold Dávila Ruiz Director General