La Cemig junto a otras organizaciones de “cusiseras”, han impulsado un proyecto de ley para proteger la palmera del cusi y brindar la posibilidad a las mujeres recolectoras de ingresar a predios particulares para cosechar el fruto de esta palma.

La jornada de trabajo de las mujeres guarayas de Momené, comienza con la salida del sol. Acompañadas de sus hijos e hijas, se dirigen al bosque desde muy temprano para comenzar a recolectar el fruto de la palmera de cusi, también conocida como el “árbol de la vida” entre ellas, ya que les brinda una serie de beneficios tanto estéticos como medicinales. Hoy su transformación se ha convertido en una alternativa productiva que combina saberes ancestrales con la tecnología.

Momené es una comunidad del municipio El Puente de la provincia Guarayos en Santa Cruz, allí la Central de Mujeres Indígenas Guarayas (Cemig), ha puesto en marcha un emprendimiento para producir champús, cremas de enjuague, aceites y jabones en base a la transformación del cusi.

Nelly vaca presidenta de la Cemig, afirma: “el cusi es cómo le llaman el árbol de la vida porque de él vivimos. Recolectamos, lo quebramos, sacamos la calucha y una vez que tenemos el aceite lo vamos a vender. A través de estas ventas sacamos préstamos y con eso también pagamos nuestros créditos”, explica.

La Cemig es una organización social de mujeres indígenas que lucha por la reivindicación de sus derechos, aunque no se identifica como una organización económica, la actividad de transformación del cusi, que hoy beneficia a 18 mujeres, les permite tener independencia y autonomía como asociación, los ingresos que genera contribuyen a que ellas puedan seguir gestionando apoyo en otras instancias.

Este emprendimiento recibe actualmente el acompañamiento del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (Cipca), quienes además de brindar capacitación para la elaboración de nuevos productos hechos en base al cusi, contribuyeron con máquinas de prensado que facilitan el trabajo de las recolectoras entre otras tecnologías. De este modo pueden obtener en menor tiempo un aceite virgen mucho más fino y con menos esfuerzo físico.

Yery Rojas Pedrazas, técnico de Cipca Santa Cruz, explica, “como institución queremos apoyar a que se le dé un valor agregado a esta producción, por ello hemos  apoyado para conseguir la maquinaria y para implementar la capacitación, así ellas pueden extraer el aceite virgen que tiene mucho más valor económico y a partir del cual se pueden obtener tres derivados como el aceite de cusi, las cremas (champú y enjuague), y el jaboncillo qué son bastante utilizados por el tema de belleza”, refiere.

Buscan proteger la palmera del cusi

Si bien la recolección de este fruto se hace desde tiempos inmemoriales y forma parte del patrimonio cultural del pueblo guarayo, hoy se ha convertido en una alternativa productiva que permite generar recursos económicos para que las mujeres de la comunidad realicen un aporte extra en sus hogares, además de sustentar su organización.

Por ello la Cemig junto a otras organizaciones de “cusiseras”, han impulsado un proyecto de ley para proteger la palmera del cusi y brindar la posibilidad a las mujeres recolectoras de ingresar a predios particulares para cosechar el fruto de esta palma que es considerada por los ganaderos y dueños de grandes cultivos como una simple maleza.

“Lo que está tratando la organización de mujeres es que el municipio pueda emitir una ley sobre todo para el cuidado y protección del cusi porque justamente ellas no tienen un área exclusiva para hacer la recolección y algunas palmeras están en propiedades privadas”, explica Rojas.

Afirma que esto además beneficia tanto a las mujeres recolectoras como a los dueños de las tierras ya que la cosecha del cusi disminuye la posibilidad de incendios.

“Otro tema es que los frutos que caen son más propensos a sufrir incendios porque justamente cómo es aceite, el cusi es un biocombustible, entonces 

hacer estas recolecciones es un trabajo de beneficio para los hacendados porque ellas entran, recolectan los frutos y así evitan que si hay fuego estos  puedan ser como leña”,

Ember Mejia, Oficial Mayor del gobierno municipal de El Puente explica que este municipio  es considerado como la capital del cusi, y que son diversas asociaciones de “cusiseras” que están pidiendo que se consolide la norma.

“Han presentado un proyecto del ley al Concejo, la cual está en proceso de socialización para que esta planta sea protegida y sea aprovechada de la mejor manera porque es una solvencia para ellas”, afirma.

El cusi: una maravilla de la naturaleza

“La planta del cusi es buena para todo, el aceite sirve para el cabello para que quede liso y negrito, también se puede hacer un tratamiento para que no se caiga, hay que ponerse durante 15 días y el cabello empieza a salir, también es para que no salgan canas”, cuenta María Luisa Vaca, otra de las recolectoras y afirma que el champú y el enjuague rescatan estas propiedades, suavizando y reparando el cabello dañado.

Estos productos, se realizan de forma artesanal y en efecto rescatan las propiedades básicas del cusi, pero además de tener una función estética, también brindan beneficios medicinales que forman parte de la sabiduría ancestral de los guarayos, quienes usan el aceite de cusi para curar sus males desde tiempo inmemoriales.

“El aceite de cusi también sirve para la fiebre, para el dolor de cabeza, y el espasmo (malestar general) uno se fricciona el cuerpo con el aceite y la fiebre y el dolor pasan, también se puede tomar el aceite para el dolor de garganta con una pisquita de sal”, explica Nelly Vaca. 

Sin embargo esta labor no es sencilla, pues deben ingresar al bosque desde muy temprano para llenar varios saquillos con las mazorcas de cusi, los mismos que deben cargar hasta la carretera para poder llevarlos a su comunidad. Luego parten el fruto con un hacha para seleccionar la “calucha” que es la almendra del cusi y que también se come.

“Es peligroso un poco por la víbora que sale, con cuidado tenemos que sacar

Al día por lo menos sacamos ocho bolsas y si hay harto sacamos 10. Cuesta, a veces uno se suncha (golpea) los dedos al partir pero con el mismo aceite también nos curamos”, cuenta con una sonrisa Francisca Iraore.

Ella explica que de cuatro quintales de cusi, se puede extraer una arroba de almendras, y el proceso de transformación dura cerca a una semana; luego salen a vender a diferentes poblaciones como ambulantes. 

Por ello la Cemig también busca la apertura de mercados donde su producto sea valorado, ya que es de gran calidad y cumple con todas las propiedades que promete. Sobretodo esta alternativa productiva, empodera a las mujeres guarayas y permite que su organización, tenga sustento.

ANF