Es hora de que el país genere su propia competencia, de tener soberanía en los campos del conocimiento e investigación para poder implementar la biotecnología, trabajando de la mano en una coherencia de normativas que permitan responder a las necesidades de los productores, quienes deben contar con las herramientas y la autonomía de decisión de aplicar los tipos de cultivos que requieran, desde convencionales, ecológicos, orgánicos o transgénicos.

Este análisis corresponde a la responsable del Proyecto de manejo integrado de cultivos y biotecnología del Centro de Investigación Agrícola Tropical (CIAT), Gabriela Rivadeneira, que explicó que la biotecnología es una gran herramienta con diferentes aplicaciones en beneficio de los seres humanos en los temas de salud, agricultura e industria, con un sinnúmero de usos del día a día, como las vacunas y los alimentos que se consumen a diario, como el yogurt.

Sin embargo, para que se efectivice este planteamiento, ponderó, es una responsabilidad compartida de los involucrados, entre los investigadores, las instituciones productivas y las autoridades nacionales, gobernaciones, gobiernos municipales y universidades. “Los cultivos extensivos son la base de la economía del país, por lo cual estas herramientas se las deben dar a los productores, desde el pequeño, el mediano y el grande”, acotó.

Para avanzar en la biotecnología referida a la producción de alimentos, Rivadeneira resumió que la aplicación de esta tecnología dará dos resultados principales: rendimiento y calidad del producto. Con ambos, el productor puede decidir qué tipo de tecnología utilizar, pero él debe tenerla a la mano, tomar las decisiones y tener estrategias para aplicarla. “Estas estrategias tienen que estar adaptadas al cambio climático, a la demanda y a la calidad del producto”, afirmó.

En el caso de la biotecnología agrícola, esta también tiene diferentes aplicaciones y herramientas, y los transgénicos u Organismos Modificados Genéticamente (OMG) son parte de estas, pero no lo son el todo, dado que existen otras aplicaciones como, biología molecular, los microorganismos benéficos, la biología sintética, CRISPr y muchos más.

Por ello considera que la innovación biotecnológica es necesaria para la soberanía de los pueblos, de los productores y de la seguridad alimentaria adaptada al cambio climático actual, sea utilizando un cultivo convencional, agroecológico o transgénico.

En lo respecta a los cultivos transgénicos, Rivadeneira dio cuenta que existen muchos “candados” en las normativas nacionales, en los que intervienen los temas políticos y jurídicos, lo que impide que haya una coherencia legal, cuya situación preocupa mucho al mundo científico nacional, debido a que Bolivia es un país ratificante del Convenio de Diversidad Biológica del Protocolo de Cartagena, el cual trata sobre bioseguridad respecto a la tecnología moderna y el uso de transgénicos a nivel mundial.

Este protocolo da los pasos y procedimientos que se deben tener en bioseguridad para el uso de transgénicos. Sin embargo, Rivadeneira afirma que Bolivia está muy restringida, ya que desde 2005 se hizo una primera aprobación del primer evento transgénicos de soya que se tienen actualmente, pero aún se sigue en la misma situación y no estamos siendo responsables de ver nuestra realidad y necesidad nacional. “Trabajando con todos los actores, y no con improvisaciones, Bolivia puede generar responsablemente una normativa dentro de lo que es la bioseguridad, porque no existe riesgo cero, para así responder a los productores y a la población en general”, puntualiza.

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