La reciente aprobación del uso de eventos transgénicos en soya para la producción de Biodiésel, evidencia una trama de procesos y falencias, que es necesario considerar en pos de una reglamentación. Contacto Económico entrevistó a especialistas entendidos en la materia, para precisar la información al respecto. Ofrecemos a usted, estimado lector, un panorama sobre la temática.

La Biotecnología es el conjunto de técnicas, procesos y métodos que utilizan organismos vivos, o sus partes, para producir una amplia variedad de productos. Nos acompaña desde que el ser humano se estableció como sedentario, y llevamos muchos años aplicándola, aunque no seamos conscientes de ello, desde el mismo cruzamiento artificial que hemos hecho de las plantas, injertos, producción de cerveza, levadura, vino, yogur o queso.

A partir de los años 50 logra dar un salto exponencial en cuanto a las posibilidades que puede brindar: medicamentos, vacunas, dispositivos médicos y diagnósticos, así como cosechas más resistentes, biocombustibles, enzimas industriales, biomateriales y controles de la contaminación.

El término Organismo Genéticamente Modificado (OGM), es empleado a partir del desarrollo de la ingeniería genética. En el campo de la agricultura, los primeros OGM son generados a finales de los años 80, cuando se logra realizar en laboratorio la transgénesis (traspaso de genes de una especie a otra, en este caso, utilizando genes de bacterias insertados en plantas).

Todo material transgénico es un OGM, pero no todo OGM es transgénico. Son diferentes conceptos. “El transgénico específicamente, vendría a ser una herramienta o una parte de esa biotecnología, mediante la cual insertamos un gen que nos interesa, en otro organismo, en otro ser vivo, para que manifieste esa característica que nosotros estamos buscando”, precisa Gabriela Rivadeneira, bióloga responsable del proyecto “Manejo integrado de cultivos y biotecnología” del CIAT.

Transgénicos en Bolivia

El año 2005, Bolivia aprueba el primer evento transgénico Roundup Ready (RR) evento 40-3-2. Para entonces había aproximadamente un 50% del área total de siembra de soya que ya estaba con material transgénico, aunque no era legal en ese momento. El Decreto Supremo N°28225, autorizaba las pruebas y la validación agronómica de materiales transgénicos. Permitiendo que se empiecen legalmente los ensayos de materiales RR, y la incorporación de nuevos materiales genéticos validados. Sin embargo, paralelamente, había materiales transgénicos ilegales en el mercado.

“Tenemos que aprender algo de esta historia. En el año 2004, previo a la aprobación de la soya RR, había tanta presión por la siembra de soya transgénica ilegal que abarcaba parte importante del área productiva, que al gobierno no le quedo otra alternativa que legalizar mediante decreto supremo la siembra de soya resistente al glifosato. Esta aprobación originada en la permeabilidad con la que se introdujo materiales transgénicos, dio lugar a que se valide forzadamente materiales no adaptados a nuestras condiciones de clima y suelo. La consecuencia en el corto plazo la pagó el agricultor, quien ilusionado por la nueva tecnología, sembró en un inicio materiales no adaptados que ante situaciones adversas cayeron rápidamente en productividad. Es importante ver que más allá de la biotecnología, la genética de los materiales, y la investigación que hay detrás es vital para hacer exitoso y sostenible un cambio tecnológico”, comenta Jorge Hidalgo, Gerente General de Semexa.

Hubo esa legalización, cayó la genética que había en ese momento, que era convencional, no modificada genéticamente, luego se hizo un proceso de validación de otros materiales RR que al final fue lo que ahora tenemos, los materiales RR que están en el mercado.

“La dependencia que podemos tener en investigación debe ser cambiada. La generación de conocimiento e investigación básica y aplicada que se puede dar en nuestro país, nos puede abrir muchas puertas”
Gabriela Rivadeneira, bióloga con maestría en agrobiotecnología. Dirección de Investigación del CIAT

El comité de bioseguridad

Por su parte, Rivadeneira acota que en aquel entonces se tenía el comité nacional de bioseguridad, con personal técnico capacitado para hacer la evaluación de los eventos transgénicos. Pero del 2005 al 2006 desaparece todo. Los avances que se tuvieron con el comité de bioseguridad quedaron estancados. Cuando un productor decide utilizar un transgénico, hay recomendaciones para su uso. “Si desempolvan todo lo que se investigó y se trabajó con el comité de biodiversidad y bioseguridad, van a encontrar todo lo que se debe hacer”, afirma.

Actualmente, sigue vigente el Decreto Supremo 24676 (Reglamento de Bioseguridad de 1997), sin embargo, y pese a que la nueva CPE indica que el tema de transgénicos deberá ser abordado en una ley, a la fecha no se ha desarrollado un marco nacional de bioseguridad que permita realizar investigación y evaluación de eventos para su uso comercial y para el consumo humano y de animales.

“El marco de bioseguridad es necesario en cada país, para evitar un mal uso de la biotecnología, además que permite desarrollar capacidades, no sólo entre investigadores, pero también en reguladores. El país no cuenta con evaluadores de riesgo, que puedan encarar una solicitud para hacer uso de un cultivo OGM, y tampoco se cuenta con la parte de la Gestión de la Bioseguridad, que permite supervisar el uso adecuado de estas tecnologías” resalta María Cecilia Gonzales del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) La Paz.

Estadística de rendimiento de la soya y el maíz

Fuente gráficos: Datos CAO

La Ilegalidad (transgénicos de contrabando)

En el caso del algodón, el 100% del cultivo industrial en Bolivia es transgénico, y aunque no está permitido, todos los pequeños agricultores lo usan porque el cultivo resulta mucho más barato. Les evita el hecho de tener que estar echándole veneno. El 80% del maíz en el oriente boliviano ya es maíz transgénico. Es un hecho que en el país se ha venido utilizando transgénicos de contrabando.

Según Rivadeneira es precisamente por eso la responsabilidad de evaluarlos dentro de nuestro país. Colocar normas de evaluaciones de riesgo, y puntos que deben seguir los productores cuando deciden hacer uso de esas semillas. Como ejemplo, todo material de soya debería tener dos campañas de validación agronómica, que es donde se evalúa su comportamiento y rendimiento ante las condiciones locales.

“Lo ideal sería que se permita el acceso a la biotecnología, acompañado obviamente por un sistema que tiene que ser organizado por el gobierno, que permita a los centros de investigación trabajar la biotecnología y en algún momento eso pueda liberarse, pero sobre una base científica y estudiada. Que no nos gane la piratería”, propone Jorge Hidalgo.

El crecimiento de la producción de soya, tiene su pico más alto el 2014, con 2.844.899 TM; el maíz alcanzó el 2011 una producción de 236.000 TM. En un histórico del 2001 al 2018, estos granos no demuestran un crecimiento, al contrario, se mantienen estables con tendencia a bajar su rendimiento en la misma cantidad de hectáreas sembradas.

Nuevos eventos transgénicos

“Intacta RR2 Pro” es una semilla de soya comercializada por la empresa argentina Monsanto; una nueva biotecnología que destaca en la simplicidad de su manejo y ofrece mayor rendimiento (entre 350 y 400 kilos más por hectárea). Combina dos eventos tecnológicos que proveen a las variedades de soya, tolerancia al glifosato, resistencia al ataque de insectos como la oruga, y por ende ahorro en aplicaciones de herbicidas.  Esta semilla está siendo utilizada en el norte argentino, Brasil, Uruguay y recientemente en Paraguay.

Actualmente en Bolivia tenemos un área de soya con el evento Intacta, sembrado de forma ilegal. “Es importante mencionarlo, porque este tema viene de hace algunos años. No se sabe a ciencia cierta, pero debe estar más de un 20% del área total de soya cultivada con este evento. Ahora se está instrumentando la normativa para que, a través del DS 3874 del 17/04/19, recién los centros de investigación estemos habilitados para trabajar sobre esta nueva tecnología. En este sentido lo ilegal nos lleva ventaja”, apunta Hidalgo.

“El tema de la biotecnología no es todo, saquémonos de la cabeza de que es la única solución para elevar la productividad. Es el tema completo de manejo que necesitamos tener en Bolivia. Cualquier tipo de manejo que se quiera hacer”.
Jorge Hidalgo, gerente general de Semexa

Problemas de manejo

Hay un sobredimensionamiento de la expectativa que tienen los agricultores sobre la biotecnología. Se piensa que de por sí va a resolver los problemas y no es asi. La Biotecnología es un elemento importante, pero dentro de un componente de manejo. Existen varios problemas de manejo que deben resolverse.

El productor, según Rivadeneira, tiene que entender de que una vez sembró un transgénico, no es que se acabó todo. Debe tener y seguir ciertos puntos y recomendaciones. Por ejemplo, en temas de inocuidad, resguardar y tener cultivos trampa alrededor, bordes, evaluaciones de riesgo. “Si el productor decide utilizar un evento transgénico como variedad para cultivarla, entonces, dentro de un manejo integrado, tenemos una herramienta más que va a ayudar a mejorar el rendimiento. No quiere decir que sembrando el transgénico ya tuvo el producto”, aclara.

Otro de los factores que preocupa es el manejo de suelos, en el sentido de que no hay rotación de cultivo. “En ninguna otra parte del mundo está permitido sembrar soya después de soya. A eso le llamamos la obligación de la rotación del cultivo. Entonces como sembramos soya y soya y soya, el veneno está siempre presente” señala el Dr. Roberto Unterladstaetter, ingeniero agrónomo y docente en la Facultad de Agronomía de la UAGRM.

Estamos teniendo mucha migración. Productores que están queriendo sembrar plátano y otros cultivos, sin tener un conocimiento básico. Y eso no se está reglamentando, no se está priorizando a los productores nativos de la zona. Existe una migración completa del occidente, y no está existiendo un manejo, no hay una reglamentación, las noticias nos dicen que se están repartiendo tierras, y ese es un problema grande.

En la zona del occidente, Oruro, Potosí, no se le están dando alternativas de manejo al productor. Existen opciones de manejo para poder responder a las particularidades de cada región. ¿Y qué es lo que se está haciendo? Se les esta solamente solventando la migración. Estamos teniendo pueblos fantasmas.

“En ninguna otra parte del mundo está permitido sembrar soya después de soya. Eso le llamamos la obligación de la rotación del cultivo. Entonces como sembramos soya y soya y soya, el veneno está siempre presente”.
Dr. Roberto Unterladstaetter, ingeniero agrónomo, docente en la Facultad de Agronomía de la UAGRM.

Tecnología

En Santa Cruz existe tecnología de precisión, manejo integrado, hay productores conscientes, ambientalmente serios, enfocados en dar una respuesta para tener una agricultura sostenible. Y al lado hay propiedades que todavía están en el Neolítico. Haciendo malas prácticas de agricultura.

La fuerte migración, sobre todo en la zona del norte integrado y zona este, hizo que algunos de los productores se adapten y manejen una tecnología más avanzada. En su momento llegaron como pequeños, pasaron a ser medianos y ahora son grandes. Son productores que han tenido una visión de crecer.

A finales del 2016, el IBCE publicó el estudio “Impacto Socioeconómico y Medioambiental en Bolivia a partir de la soya y maíz genéticamente mejorados”, elaborado por el economista Luigi Guanella. “Gracias a este estudio pudimos aprender que, en 10 años de uso de la soja resistente al glifosato, los productores pudieron ahorrar 177 millones de dólares en herbicidas, evitaron desmontar 230.000 hectáreas y produjeron 4 millones de toneladas adicionales. Esto representa una ganancia directa para los productores”, señala Gonzales.

En este punto, como señala Alcides Vadillo, director regional de la Fundación Tierra, no se trata de que hay que seguir con los instrumentos tecnológicos del pasado. Pero se trata de ser responsable con qué estamos introduciendo en la producción de alimentos. “Estamos hablando de alimentos. Estamos hablando de la salud pública. No puede ver solo la dimensión económica. Se tiene que ver el tema de la seguridad de lo que la gente está consumiendo. Los efectos que puede tener en términos de salud pública, en términos de qué le damos a la gente como producto alimenticio” complementa.

Una lógica incompleta

Vadillo, respecto al tema de la aprobación de manera excepcional de las semillas resistentes a la sequía, plantea una cuestionante: “Esta lógica de que se hace la norma y luego vienen las medidas, es totalmente censurable. No hay el estudio previo. Son lógicas incompletas, porque en los últimos tres años, de forma consecutiva los precios de los alimentos en Bolivia han ido bajando. El productor produce menos y lo que aumenta es la importación de alimentos. Cada vez los precios de los alimentos van bajando, mientras que los insumos siguen subiendo. Aquí hay un problema de los productores, que no se está afectando”, sostiene Vadillo a tiempo de señalar que nada es pensado en el mercado interno, sino en el mercado global.

El tema de los agroquímicos

En Santa Cruz se utiliza una variedad de agro insumos, entre fertilizantes y plaguicidas. Cabe recalcar, que existe el programa Campo Limpio, liderado por APIA, mediante el cual se busca combatir el uso de plaguicidas ilegales, además de enseñar al productor y fomentar la disposición correcta de los envases luego de su uso. Sin embargo, el uso de agroquímicos es un tema que requiere especial atención.

La opinión del Dr. Unterladstaetter es clara al respecto: “Esta mal regulado eso. En ninguna parte del mundo usted va a poder ir a comprar los insecticidas que se venden libremente acá.  En todas partes del mundo, si yo quiero un insecticida, tengo que recurrir al ingeniero agrónomo que me lo recete. No. Aquí puede usted comprar uno, dos, o 100 litros.  No hay ni registro de quien compra. En Brasil, Paraguay y Argentina, no cualquiera puede ir a la casa de agroquímicos y pedir venta libre. Porque hay productos que son sumamente peligrosos”

A este respecto, Alcides Vadillo sostiene que se han realizado dos estudios que demuestran que existen 220 tipos de agroquímicos, que están en todos los alimentos. Si bien antes era aconsejable consumir la cáscara de los alimentos, ahora las cosas han cambiado y sugiere que deberían hacerse campañas para enseñar a la población a pelar, por ejemplo, la cáscara del tomate, pues esta contiene muchos agroquímicos.

La investigación, un trabajo serio

Es muy importante para un país generar conocimiento. Un país sin conocimiento está a la deriva. En palabras de Rivadeneira, la dependencia que podemos tener en investigación debe ser cambiada. La generación de conocimiento e investigación básica y aplicada, que se puede dar en nuestro país nos puede abrir muchas puertas. Existe potencialidad, dentro de lo que son recursos genéticos y la biodiversidad, que no estamos explotando.

Las empresas de investigación serias, prueban los materiales durante 7 años. Empezando desde el primer cruzamiento y siguiendo su crecimiento para ver que un material es adaptado a las condiciones climáticas, y de suelo de la región.

Por su parte, respecto a los logros de la investigación en Bolivia, Hidalgo señala que ha habido un cambio de lo que se busca en tema de materiales de soya: ciclos más cortos, rápido llenado de grano, variedades versátiles que permitan atravesar situaciones de estrés hídrico, que es lo que caracteriza a la región, sobre todo estrés hídrico por sequía. “No tenemos un vacío sanitario que nos permita hacer un control como hacen otros países. Esa presión ha hecho que los ciclos de los materiales se tengan que acortar. O sea, buscar materiales que no sean tan largos, de 135 días como había en ese momento. Materiales más intermedios, de 115 días, a precoces, 100, 105 días, que en poco tiempo puedan tener rendimiento y aprovechar el agua que esté disponible” señala.

Sin embargo, como apunta Gonzales, el desarrollo de la biotecnología en Bolivia es muy incipiente y lo poco que se logra hacer, no cuenta con el debido apoyo en varios niveles.  El año pasado, inició la primera carrera de biotecnología en la Universidad Católica Boliviana en Santa Cruz, mientras los países vecinos han desarrollado esta profesión hace más de 15 años. Por ello, los pocos investigadores que trabajan en esta disciplina tan compleja, se reducen a unos cuantos en facultades de bioquímica, química, biología o agronomía de distintas universidades.

Los entrevistados coinciden en que es necesario avanzar bajo un apoyo completo integrado entre la academia, el sector privado y el gobierno.

“El país no cuenta con evaluadores de riesgo, que puedan encarar una solicitud para hacer uso de un cultivo OGM, y tampoco se cuenta con la parte de la Gestión de la Bioseguridad, que permite supervisar el uso adecuado de estas tecnologías”
MSc. Cecilia González Paredes, especialista en agrobiotecnología, IBCE La Paz

Normar el uso

Uno de los requisitos por los que deben pasar este tipo de cultivos, es el de ser equivalentes a los convencionales o superiores en cuanto a contenido nutritivo. Si en el desarrollo en laboratorio se detecta que la soja tiene niveles por debajo a los regulares de una soja convencional, esta investigación se suspende.

Esto es parte del proceso de bioseguridad que se aplica a los productos obtenidos mediante ingeniería genética y que serán destinados como alimento para animales o para los humanos. Es precisamente el proceso de bioseguridad, lo que aumenta el costo de desarrollar este tipo de cultivos y también añade tiempo para que puedan ser aprobados comercialmente.

“Lamentablemente, los productores están limitados a sólo utilizar un par de herramientas de la biotecnología, en este caso algunos emergentes (protección a la semilla antes que germine la planta) y una sola semilla genéticamente modificada. Al carecer de un sistema normativo adecuado, los pocos avances científicos, muchas veces se quedan en una mera formulación y no pueden ser completados, o peor aún, no pueden ser empleados. “señala María Cecilia Gonzales.

Rivadeneira propone al respecto una zonificación que establezca en qué puntos se va a tener cultivo transgénico, y en qué puntos cultivos convencionales. Santa Cruz tiene diferentes pisos altitudinales con micro climas. Un productor de la zona de los valles mesotérmicos no va a sembrar un maíz transgénico.  Pero un productor en la zona extensiva, que es seca, con un alto ataque de gusano cogollero, sí. “Es muy importante que nosotros podamos zonificar y determinar dónde y cómo se van a sembrar. Establecer los puntos, que seguramente los tiene el comité de bioseguridad”, señala.

Para lograr un agro rentable/sustentable

Según Gonzales, algo que falta incorporar en el trabajo del campo, es un programa a nivel nacional de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Las BPA son un conjunto de principios, normas y recomendaciones técnicas aplicables a la producción, procesamiento y transporte de alimentos, orientadas a asegurar la protección de la higiene, la salud humana y el medio ambiente, mediante métodos seguros, higiénicamente aceptables y económicamente factibles.

Es necesario tener políticas claras. Utilizar las biotecnologías y zonificar, en lugar de deforestar o de ampliar la frontera agrícola. Explotar nuestro potencial. Permitir a los centros de investigación trabajar sobre el tema, normado con todas las reglas claras, de forma que en algún momento sean ellos los que puedan apoyar al agricultor.

“No se trata de que hay que seguir con los instrumentos tecnológicos del pasado. Se trata de ser responsable con qué estamos introduciendo en la producción de alimentos”
Alcides Vadillo, director regional en Santa Cruz de la Fundación Tierra

Por último, Jorge Hidalgo plantea que la Biotecnología es un elemento importante, pero no el único que se debe abordar. Debemos generar una agricultura rentable y sostenible. Esto se logra con:

  • Manejo de suelos (nivelado, fertilizado, cobertura y permeabilidad)
  • Biotecnología
  • Genética e investigación
  • Un buen control de enfermedades, plagas y malezas (contar con un vacío sanitario)
  • Aplicación de nuevas tecnologías en cosecha que minimicen la pérdida
  • Buenos precios de venta y logística

Esto debe estar acompañado por el gobierno, con políticas para el crecimiento del agro, para el crecimiento de la investigación, la seguridad jurídica, apertura para la exportación y capacidad de financiamiento.

Paralelamente se deben clasificar los suelos, para que la siembra se dé en suelos que sean viables. Hay que tener mucho cuidado con no desmontar áreas que al final no van a ser rentables, o que no van a producir nada. Desmontar por desmontar tampoco tiene sentido.

Todos estos factores donde la biotecnología y los OGM son importantes, son un elemento más del manejo general de la agricultura, que debe tener apoyo del estado, y tecnología que apoye el desarrollo. Así se logrará elevar el rendimiento y generar rentabilidad.

La reglamentación y el manejo integrado de la biotecnología y sus componentes devendrá en una relación responsable con el medio ambiente y la preservación de la tierra como un bien de todos.

Contacto Económico