En Bolivia, las mujeres representan el 50,1% de la población y más de la mitad de la fuerza laboral. Sin embargo, en el camino de lograr su liberación económica, como sociedad, aún nos falta mucho en cuanto a políticas públicas que atiendan y traten de manera eficiente la temática de fondo: equidad.

En el entendido de que la visibilización es el principio de la transformación, Contacto Económico entrevistó a la economista y socióloga Fernanda Wanderley, a Carol Gainsborg, filósofa y catedrática; Mónica Salvatierra, periodista de El Deber y a Mary Esther Parada, decana de Ciencias Empresariales de la UPSA, para construir una mirada objetiva sobre la participación de la mujer en la economía nacional. A continuación, ofrecemos a nuestros lectores el resultado de esta investigación.

La aparición de la moneda, en los inicios de la civilización, determinó que los objetos, los elementos y las cosas, se relacionen con la inversión del tiempo ocupado en su producción y no con el valor del objeto o la tarea como tal. Esto determinó, tiempo después y según una lógica comercial, que algunas actividades se sobre validen en desmedro de otras, generando un desequilibrio que a la postre se ha normalizado.

Siguiendo esta línea, el trabajo que se realiza dentro del hogar termina por ser invisibilizado por completo. Horas, jornadas enteras de atención, de limpieza, que no son reconocidas y que no tienen un impacto directo evidente en el sistema económico, pero que si tienen un impacto estructural en el sistema. Al igual que el cuidado de las personas mayores y de los enfermos, se trata de un trabajo fundamental para el bienestar de una sociedad.

Nuestra actual CPE, en un artículo muy avanzado al respecto (Art. 338), estipula que el trabajo en el hogar, que no es remunerado, tiene el mismo valor y la misma contribución a la economía del país, que un trabajo remunerado; por lo tanto, esto debería estar computado en el PIB. Sin embargo, la aplicación y reglamentación en este sentido es inexistente.

Según Fernanda Wanderley, debido a la insuficiencia de políticas de cuidado, o sea, de una responsabilidad que asuma el estado junto con el sector privado, todavía no hay una corresponsabilidad entre todos.

Inserción laboral

El mayor ingreso de estudiantes estadísticamente hoy día en Bolivia, es femenino. Quienes terminan primero la Universidad en el tiempo establecido, son mujeres, al igual que quienes tienen las mejores notas a nivel global. Sin embargo, el momento en que estas mujeres se insertan en el mercado laboral, esta situación se revierte. ¿Qué sucede?

Según explica Salvatierra, en los espacios formales hay menos cabida a las mujeres, debido a la “carga social” que significa para los empresarios. Una mujer es una potencial madre y eso significa que el empleador debe prever los subsidios de la maternidad, además de las bajas pre y post natal. En suma, lo que debería ser un beneficio, se convierte en un obstáculo que le cierra las puertas del mundo laboral.

“El Estado solo reconoce la maternidad (y ahora la paternidad) mediante los subsidios de lactancia y de natalidad, además de 90 días de permiso para atender a los hijos. Todo lo demás que ellas hacen no está contemplado en las normas. Y, lo poco que existe (permisos y bonos de maternidad) se han convertido en obstáculos para que la mujer sea contratada en empleos formales; los empleadores prefieren hombres que no les signifiquen costos laborales” afirma Salvatierra. En el sector informal, casi no se cumplen los permisos ni los bonos para las madres.

El problema se plantea, según Wanderley, desde dos ámbitos: “tenemos un factor externo al mercado laboral, que tiene que ver con la organización de las actividades de cuidado; y por otro lado tenemos factores dentro del mercado laboral, que son los prejuicios, las discriminaciones, que pasan por muchos canales, cuando se decide contratar un varón o una mujer; también en las dinámicas del propio mercado laboral, como el tema del acoso”, este último todavía muy presente, tanto en las empresas como en el estado y en todos los espacios laborales, traspasando todas las clases sociales.

Para una mujer, en las mismas condiciones, con la misma preparación, con la misma formación a nivel de maestría, doctorado, especialidad y manejo de idiomas, ascender en una empresa, en un rubro masculino como la ingeniería, por ejemplo, le toma una diferencia de 10 años con respecto a un varón. Sumando a esto, el hecho de que la inequidad salarial condiciona a una mujer a recibir 30% menos por el mismo trabajo. 

Según Gainsborg, las mujeres toman la decisión en un punto, de quedarse en un sitio, hasta donde han podido llegar, después de una tarea titánica de 10 años, porque quieren compensar su tiempo laboral con el tiempo doméstico. Su tiempo familiar. Entonces no aspiran a estadios de dominio, o de decisión de control más altos, porque no son compatibles con llevar una familia, dada la estructura que tenemos actualmente. Este autoimpuesto “techo de cristal” es un hecho recurrente.

Labores domésticas

Calcular el impacto económico que implicaría para el empresariado privado, en beneficios, jubilación, salud, la exigencia de la equidad en este tema, colapsaría el sistema.

Uno de los principales obstáculos que tienen las mujeres para acceder a una fuente de trabajo formal, a una equidad salarial, y a una carrera profesional para llegar a puestos de alta responsabilidad, es precisamente esta distribución desigual de las responsabilidades del cuidado, tanto al interior de las familias como en la sociedad. Aquí hay un campo enorme de políticas públicas, de una responsabilidad que debe asumir el estado junto con el sector privado y las familias.

Hoy sabemos que las familias se han diversificado, y cada vez se diversifican más. Hay más familias monoparentales, las familias donde padre y madre trabajan a tiempo completo, y esa es la mayoría. Nuestro concepto de políticas sociales de bienestar, todavía tiene ese modelo de la familia biparental donde el hombre sale a trabajar y la mujer se queda. Pero la realidad cambió. Entonces, ¿quién se responsabiliza por las personas que necesitan más cuidado?

“En el mercado laboral general, entre 3 y 4 de cada 10 empleos está en el ámbito de la informalidad”.
Mónica Salvatierra, periodista de El Deber

Sistema de servicios de cuidado

En América Latina, tenemos convenios regionales que ha firmado Bolivia, sobre el tema del cuidado. En ellos, hay lineamientos claros de cómo se podría avanzar. Algunos países como Uruguay, Chile, Colombia y México lo están haciendo y van por buen camino. Esto gracias a una articulación de las mujeres para priorizar ese tema, y a una demanda clara tanto a nivel local, departamental y nacional para que se priorice el presupuesto para la construcción de un sistema de servicios de cuidado accesibles para toda la población, independientemente del nivel de ingreso que uno tiene. Esa es la orientación. Dichos sistemas, dirigidos a niños, niñas, adolescentes, adultos mayores y personas con discapacidad, pueden combinar una gama de financiamientos.

Wanderley hace referencia al hecho de que nuestra ley laboral estipula que las empresas con más de 50 trabajadores (hombres o mujeres) deberían ofrecer servicios de cuidado para los niños pequeños. “Eso nunca se cumplió, pero aquí hay un rol que pueden cumplir las empresas. Hay otros países donde las empresas se comprometen a contribuir a ese servicio de cuidado”, resalta. La idea es que exista una red de servicios que cubra a toda la población por esos grupos etarios.

“La paridad de la participación es muy importante para la generación de una cultura democrática, una cultura de equidad”.
Fernanda Wanderley, economista y socióloga

Escuela tiempo integral

En otros países, esta práctica avanza fuertemente. La escuela ya no solo tiene una función pedagógica, sino de cuidado. Los niños tienen la posibilidad de quedarse en la escuela, el turno que no es de clases, con otras actividades. Mientras los papás están trabajando, los niños están cuidados.

Los estudios sobre ese tipo de servicios en países nórdicos, y en algunos países latinoamericanos como Uruguay, muestran que eso de alguna manera minimiza las desigualdades de los hogares. Porque los niños, independientemente de cuál sea la situación social de la familia, están teniendo las mismas oportunidades. No hay la presión de la familia para que vayan a trabajar, además, reciben alimentación y salud.

Esa es la prioridad que deberíamos estar trabajando, apunta Wanderley: construir una red de servicios de cuidado, territorialmente adaptadas. Porque cada territorio, con sus culturas, con sus servicios (hay que aprovechar lo que ya existe) podría mejorar, ampliar ese sistema de cuidado, donde se promueva al interior de la familia y en la sociedad, la cultura de la distribución equitativa de las responsabilidades del cuidado.

La informalidad

Carol Gainsborg pone de manifiesto que una estructura social que no te permite acceder a las mismas condiciones que los hombres, te obliga a sobrevivir con lo que tienes a la mano.  Eso explica la razón de que en Bolivia el sector informal sea un sector mayoritariamente manejado por mujeres.

En el mercado laboral general, entre 3 y 4 de cada 10 empleos está en el ámbito de la informalidad: es decir, en un espacio en el que no hay estricto cumplimiento de las normas del trabajo, con inestabilidad, salarios definidos arbitrariamente, en función del interés del empleador, y que muchas veces ni siquiera llegan al mínimo salarial, exceso de horas de trabajo, sin seguridad social y sin derecho al desahucio. Es en este ámbito de la informalidad donde la mayoría de los trabajadores tiene género femenino.

Restar para equilibrar

Evidenciar esta inequidad implica restar para equilibrar, tema que no es fácil ya que, según Gainsborg, si esto se distribuye, los rendimientos de eficiencia y demás también se van a ver afectados en el campo laboral, así como la posibilidad de ascenso. Esto va a afectar económicamente, porque implica reconocer salarios que no se están reconociendo; lo que resta plusvalía a quien tiene la propiedad privada o el capital. “Repensarnos implica dolor, implica soledad, implica desestructura, implica quitar cosas a quienes tienen cosas, para redistribuirlas. Pero solo así avanzamos”, resalta.

La violencia de género

Cuando una mujer vive una violencia, eso tiene un costo en términos laborales, pero también de salud, de atención. Si no hay una prevención, después tiene un costo muy fuerte. Además de perder un importante capital humano.

La Ley 348 define 16 tipos de violencia contra la mujer. Tanto en el hogar como en el trabajo hay situaciones de violencia que son “normalizadas” por el entorno masculino. El acoso sexual, que puede ir desde la mirada obscena, pasando por los piropos agresivos, hasta la presión para acceder a tener relaciones sexuales a cambio de mantener el empleo. El tema implica que la mujer se somete a reglas donde el hombre marca su territorio y ejerce poder.

La violencia en el hogar es influyente también porque afecta emocionalmente el desempeño de ellas en trabajos fuera de la casa y porque, muchísimas veces, sus ingresos son íntegramente compartidos con la familia (esposo o familia ampliada). La violencia contra las mujeres es una realidad.

Ese es un gran obstáculo para el desarrollo social y económico del país. Algunos estudios indican que esto podría estar en aumento. Precisamente los avances de la mujer en espacios, en autonomía, tendrían una reacción de violencia de parte de los varones que están teniendo enormes dificultades de abandonar privilegios y relaciones de poder, a cambio de tener otro tipo de masculinidad, no una vertical de autoridad y de control.

En el país no hemos podido avanzar concretamente, ni en la atención de las mujeres que han vivido violencia, ni en la prevención.

En la sociedad boliviana hay un movimiento de mujeres muy importante, comprometido con la equidad de género.  Para Wanderley, ser feminista es defender la equidad, la igualdad de oportunidades. Hay un movimiento muy rico de mujeres que han avanzado en la desnaturalización de la violencia, en demandar nuevas leyes, nuevas políticas, que el tema esté en la agenda pública. En el imaginario colectivo, sobre todo de las mujeres, ya empieza a calar que eso no está bien. Ninguna teoría feminista postula la supremacía de la mujer. Feminismo no es lo mismo que machismo. No es el antónimo.

Hacer de la diferencia una potencialidad

“El cálculo que como mujeres realizamos, antes de lanzarnos, es mucho más extenso en una media, tiene que ver con la planificación y con la estrategia. La forma de pensar”, sostiene Gainsborg. El hombre tiene libertad de ser más impulsivo, y de corregir en el camino. La mujer no tiene tanto chance de corregir en el camino, la mujer tiene que tomar una decisión calculando los riesgos con una proyección, con una antelación mayor.

Por otro lado, continúa, tu estás en una estructura social en la que eres la excepción, y la excepción siempre es observada. “El hecho de que tu seas pionera en un área, implica que todos van a estar más alertas sobre ti para ver si tu mereces ese espacio o no. Al primer error va a ser cuestionado” apunta Gainsborg.

Según Salvatierra, la mujer podría ayudar a replantear los modelos de producción, generando mayor calidad de vida a todos los trabajadores y, por tanto, incrementando su productividad.

Mujeres en los directorios

En los ámbitos dirigenciales, es fácil mirar los directorios institucionales o las estructuras políticas para darse cuenta de que a la mujer se la toma poco o nada en cuenta para ocupar estos espacios. Salvatierra resalta que tenemos el gabinete de ministros, el directorio de instituciones como Cainco, Cao, Federación de Empresarios, etc. donde se evidencia que ellas no tienen mucha participación. “Más de la mitad de la fuerza laboral está constituida por mujeres; sin embargo, ellas no ocupan similar cantidad de espacios directivos”, apunta.

Una mujer en cargos directivos aporta una visión diferente, más integral en el manejo de una empresa. Por lo general, la mayor sensibilidad de la mujer, genera empatía y una visión más humana de las situaciones y de la relación con los trabajadores.

“Repensarnos implica dolor, implica soledad, implica desestructura, implica quitar cosas a quienes tienen cosas, para redistribuirlas. Pero solo así avanzamos”.
Carol Gainsborg, filósofa y catedrática

La importancia de tener mujeres en los directorios es fundamental, todos los estudios muestran que, si hay una participación equitativa entre hombres y mujeres, eso va a generar una nueva dinámica y se va a priorizar sus problemas y demandas.

“Porque como estamos constatando que hay relaciones de poder, y que hay roles diferenciados, hay demandas diferenciadas. Primera cosa: Si las mujeres no están en esos espacios de decisión, estas demandas nunca van a ser priorizadas. Segunda cosa: La visión de las mujeres tiene ventajas o especificidades en relación a los varones. Por lo tanto, es complementario.  Hay una contribución a la propia empresa, o a la organización en que estén”, sostiene Wanderley.

La paridad de la participación es muy importante para la generación de una cultura democrática, una cultura de equidad.  

Mary Esther Parada, por su parte, considera importante que las empresas permitan la participación de mujeres dentro de los directorios, no por un cumplimiento de ley de equidad de género, sino por el reconocimiento a sus capacidades y a la mirada global y estratégica que naturalmente tienen.

El discurso vacío

“Evidentemente hay un usufructo proselitista que no tiene intención de transformar nada, estructuralmente. Pasa en un gobierno de izquierda y pasa en un gobierno de derecha. Porque implica reestructurar cosas que nadie quiere tocar. Es cambiar el mercado, el sistema educativo, atacar el sistema de salud, es reordenar el espacio de decisión dentro del mismo gobierno. También es la forma de aplacar procesos de revolución: Si yo te nombro. Si yo te incluyo, aunque sea nominalmente, aplaco el reclamo y el derecho a la asociación para luchar por esos derechos. Es una estrategia política sí, pero dentro de ello se están abriendo grietas” señala Gainsorg.

“El sistema financiero debe considerar a la mujer con las mismas capacidades de ser sujeta a crédito”.
Mary Esther Parada, decana de Ciencias Empresariales de la UPSA

En Bolivia tuvimos la aprobación de leyes (consideradas a nivel internacional muy de avanzada) pero que no salieron del papel. Realmente no hubo una reglamentación adecuada, y no hubo, a partir de esta ley, su implementación a través de políticas públicas, de servicios de atención, pero también de servicios de prevención. De todo un trabajo de educación, de formación e información. El país, como ha ocurrido en muchos otros ámbitos, en el caso de la equidad de género, en el caso de la violencia como un problema central, no ha avanzado.

Wanderley puntualiza: “Inclusive diría que tuvimos ciertos retrocesos. Porque en los años 90, cuando finalmente se agendó el tema de la violencia en la sociedad, y se desnaturalizó esa violencia, hubo políticas de estado a partir de la primera secretaría de asuntos de género (1994), se generaron todo un conjunto de servicios públicos (como los Servicios legales integrales) y otras instancias (la Defensoría de la Mujer). Todo eso se fue desarticulando.  No hubo presupuestos adecuados, no hubo manutención de las personas capacitadas, en los puestos claves. Hubo más bien un retroceso. Son esas contradicciones que estamos viendo en el país”.

Son impresionantes los avances legales, pero esa es la contradicción, porque en términos de política pública, de servicios, de institucionalidad, de priorización del tema, en términos de acción, podemos decir que estamos un paso más atrás de lo que estábamos avanzando.

Además, se choca con un discurso que viene desde las autoridades del estado, que va en contra de este valor de la equidad. Declaraciones en forma de burla o buscando provocar gracia, pero que son muy dañinas, porque sabemos que, para poder avanzar en el país en una cultura de equidad, es muy importante que los líderes políticos, económicos y sociales, lo tomen en serio. Y que sean los que den el ejemplo.

“Las mujeres, deberíamos estar en una fase de no demandar solamente leyes; al final yo creo que tenemos una excelente constitución, excelentes leyes, lo que deberíamos es estar atentas y realmente demandar la priorización de políticas concretas, servicios concretos. A nivel nacional, departamental y local” finaliza Wanderley.

Parada sugiere que el sistema financiero debe considerar a la mujer con las mismas capacidades de ser sujeta a crédito, “el sistema gubernamental debe invertir en crear canales y recursos eficientes que conlleven a la aplicación de leyes relacionadas a la equidad de género y una instancia sustancial es la educación en la familia”, sostiene.

El desafío es poder crear un espacio, políticas y dinámicas que permitan una igualdad de oportunidades en el mercado laboral.

Alejandro Molina / CE