Para crecer de verdad, debemos salir del área de confort

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Días antes de terminar su gestión como presidente de la Cainco, Jorge Arias Lazcano presentó un informe y proyección de la economía, a través de su órgano especializado: el Centro Boliviano de Estudios Económicos (Cebec). Manifestó que para alcanzar un desarrollo sostenible, debemos apuntar a crecer arriba del 7%. Encuadrarnos en un 4,7%, solo por cumplir exigencias sectoriales, es imponernos un techo que nos impide detectar las enormes potencialidades con las que en realidad contamos.

Experimentamos un largo período de bonanza

Entre 2004 y 2014, Bolivia vivió el segundo auge más alto y más largo registrado desde finales del siglo XIX, gracias al contexto económico externo favorable, con mejores precios externos (40% más altos que en años anteriores), y al mayor dinamismo de las economías emergentes relacionadas con el país. Debemos reconocer que se hizo un manejo prudente de la macroeconomía, a pesar del deterioro institucional y regulatorio. Gracias a este periodo de auge se logró ensanchar la clase media, desde un tercio a mediados de los noventa, hasta cerca de 40% en 2017.

En el 2014 entramos a un periodo de desaceleración que duró hasta el 2017, como consecuencia de la abrupta caída de los precios internacionales de materias primas y la recesión de los dos principales socios comerciales que son Argentina y Brasil, reduciéndose la tasa de crecimiento de 6,8% en 2013 a un magro 4,2% en 2017.

El estatus quo

El periodo de desaceleración estaba anunciado y, no obstante haber ingresado en esta etapa, el gobierno boliviano mantuvo la misma política diseñada para la época de las vacas gordas, presumiendo de su “economía blindada”. Con una tasa de inversión pública superior al 10% y una caída de los ingresos fiscales, en particular los provenientes del ingreso por exportación de hidrocarburos, el déficit fiscal ha rondado peligrosamente el 8% durante los últimos años. Este, a su vez, se ha reflejado en un déficit externo o de la cuenta corriente de la balanza de pagos, por encima del 5%, reflejado también en la caída de las reservas internacionales. A todo esto, se suma la equivocada orientación de la política laboral que fue contraproducente para fomentar la generación de empleo, especialmente formal. Bolivia es el cuarto país más caro en cuanto a costo laboral se refiere.

Las señales para apuntalar el crecimiento fueron escasas, aunque importantes a nivel sectorial. Dos políticas fueron rescatables en la gestión pasada por su efecto económico. La primera es la introducción del etanol como aditivo, que se estima tendrá un efecto de casi un punto porcentual en el PIB, por su impulso a la producción agrícola e industrial. El otro proyecto digno de ponderar, es el impulso al sistema portuario boliviano en la hidrovía Paraná Paraguay, el cual se estima que puede reducir los costos de comercio exterior en más de 15%.

Rebalanceo

Los técnicos del Cebec, Pablo Mendieta y Hugo Rodriguez, afirman que Bolivia ha podido superar la desaceleración a nivel global, en virtud de la fortaleza macroeconómica conseguida en el auge; y si se quiere mantenerla, debe tomar acciones para el rebalanceo. Es prioritario promover más ingresos de exportaciones junto con la reducción de la demanda agregada. Una vía para conseguir lo primero, es remover las barreras que impiden los envíos al exterior tanto en el ámbito logístico como también en lo regulatorio al interior del país, además de buscar convenios de cooperación e intercambio externo favorables para Bolivia.

A la par, se deben identificar las partidas de gasto que puedan recortarse y/o mitigarse en su crecimiento, como también la inversión pública que puede postergarse sin afectar significativamente el crecimiento. Es decir, se requiere un trabajo importante de priorización de los diversos proyectos de inversión pública, enfatizando la ejecución de los que son más efectivos, para incrementar la productividad y que puedan generar retornos y flujo de caja más rápidamente.

En resumen, el dinamismo de 2019 sería similar al de las dos gestiones anteriores. Con un año en el cual la discusión pública se centrará en lo político, en donde el entorno externo permanecerá sin grandes cambios, aunque con riesgos a la baja por las tensiones comerciales en el hemisferio norte, no existen fundamentos como para esperar un comportamiento distinto al observado en 2017 y 2018.

Salvo que el gobierno dé un giro de 180 grados en su política laboral y tributaria, priorizando la generación de empleo productivo sobre la exigencia salarial en el primer caso, y reduciendo la excesiva regulación y presión impositiva, para que la iniciativa privada desarrolle estrategias que, en coordinación con el gobierno, apunten a un crecimiento que supere el 7%.

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