La política energética del actual gobierno ha postulado, en documentos oficiales, el horizonte estratégico “Bolivia: centro energético de la región” que pretende suplir progresivamente los ingresos por exportación de gas natural con ingresos derivados de la esperada exportación de energía eléctrica a nuestros vecinos, muy especialmente al Brasil.

El presente resumen fue extraído del documento: “Sistema de represas Chepete-El Bala: Bases para un posicionamiento político”, elaborado con contenidos presentados por los especialistas Marco Octavio Ribera, Jorge Molina, Daniel Espinoza y José Luis Monroy; los investigadores Pablo Solón y Roger Cortez; sistematizados por Cecilia I. Requena. Un interesante informe que ponemos a su consideración, amigo lector.

Según el documento, el modelo no sólo concentra el poder económico, sino que devasta la base vital de la que depende la sociedad boliviana para desarrollarse, además de engendrar el poder de la distribución clientelar y con alto grado de discrecionalidad y falta de controles. Este modelo es, además de un problema económico, social y ambiental, también un problema de orden democrático.

Presenta múltiples problemas de inviabilidad: económica, empezando por el ámbito financiero y comercial, para seguir con el hecho de la inexistente internalización de “externalidades” en el cálculo de costos/beneficios; además del impacto socio cultural y ambiental, dadas las características de un ámbito geográfico que alberga comunidades y territorios indígenas, y áreas protegidas que cuentan con una diversidad biológica de dimensiones destacadas a escala planetaria.

El fenómeno de las energías alternativas, como la solar y la eólica, no ha cesado de bajar costos en toda la cadena, hasta convertirse hoy en día en las más baratas en contexto de competencia abierta. Dado que la variable determinante del precio se encuentra en la tecnología y no en los recursos naturales de los que depende (sol, viento, que son renovables, prácticamente inagotables y gratuitos), los precios continuarán la tendencia a la baja hasta alcanzar, previsiblemente, costos marginales cercanos a cero.

En este contexto, no corresponde ya concebir a la energía como mercancía, sino como insumo para el bienestar de las actuales y futuras generaciones. Es una visión cualitativamente distinta y que nos conduce, necesariamente, a la necesidad de replantear el modelo de “desarrollo” del país.

Cualquier opción de modelo viable de futuro, a partir de 2030, no podrá depender más de los combustibles fósiles, ni de actividades que generen otros gases de efecto invernadero (GEI), como la tala de bosques, indispensables para vitales equilibrios ecológicos regionales y globales, o como la construcción de mega represas.

El actual modelo hegemónico se sustenta en la procura de un aumento incesante de producción y consumo, en pos del crecimiento sostenido (constante y sin fin) expresado y muy fuertemente enfocado en el PIB.

La Tierra es finita. Por tanto, el constante crecimiento de la producción y consumo de bienes y servicios que demanden insumos de la naturaleza no es una opción realista; es inviable. Debemos aprender a vivir dentro de los límites biofísicos de la biosfera, sin desestimar las posibilidades de ampliación vía tecnología o prácticas ahorradoras que, sin embargo, no escapan a la realidad última de la existencia de límites planetarios.

Características técnicas básicas del proyecto

“Chepete 400 + Bala 220” es el denominativo de la propuesta del sistema de dos represas en cascada priorizada como resultado del estudio de identificación realizado por Geodata Engineering S.p.A.; misma que elaboró la Ficha Ambiental, por un costo de Bs. 25 millones, sólo para el “Componente 1: Angosto Chepete 400”

La suma de la potencia de ambas hidroeléctricas sería de 3.676 megavatios (MW) de energía eléctrica, con una demanda de inversión estimada en US$ 6.912 millones a ser cubierta en un 70% con financiamiento externo y 30% con financiamiento nacional. Ese precio no incluye el costo del tendido eléctrico, indispensable en fuentes centralizadas, que se estima en más o menos US$ 1.000 millones, dada la necesidad de un tendido de entre 700 y 1200 km para llegar desde el Chepete a la frontera con Brasil.

De acuerdo a ENDE, la generación eléctrica del Componente 1, Chepete 400, principalmente estaría destinada al suministro y exportación de energía al Brasil. Los excedentes reforzarían el sistema interconectado nacional.

El embalse del Chepete (45 Km aguas arriba de El Bala) produciría 3.300 MW. Tendría un nivel máximo en la cota 400 msnm., a partir de una represa con una altura de 130m. (sobre la cota 270 msnm.) y una superficie inundada de unos 679,9 kilómetros cuadrados. El proyecto prevé la instalación de 16 turbinas tipo Francis de 206,25 MW de potencia cada una.

Para la construcción de la represa se prevé la desviación del río Beni construyendo cinco túneles revestidos de hormigón, tres en el margen derecho y dos en el izquierdo del río Beni. Cada túnel contaría con un diámetro de 15,5 m y longitud promedio de 1.160 m. Cuatro de estos túneles, dos de la margen derecha y dos de la izquierda servirían luego como túneles de carga de la central hidroeléctrica.

El Componente 2 Angosto, El Bala, a cota 220, aprovecharía el efecto en cascada para generar 352 MW adicionales.  Según la ficha ambiental, se construiría entre 10 a 15 años después de la represa en el Chepete. Esta opción genera una superficie de inundación menor que los aproximadamente 3.000 km2 estimados, en su momento, para la opción de represa de arco en El Bala (imposible además por la existencia de una falla en la serranía), pero afecta a más comunidades locales, algunas situadas dentro de la Reserva de la Biosfera y Territorio Comunitario de Origen Pilón Lajas. Implica efectos en un área de enorme riqueza biológica, con todas sus implicaciones en servicios ambientales para la región.

Se calcula una vida útil del proyecto de 100 años con una producción anual estimada de energía de 15.471 GWH/año.

Aspectos críticos del proyecto Chepete-Bala

Se ha ocultado ilegal y sistemáticamente toda la información en torno al proyecto de represamiento del río Beni. La mayor parte de los datos disponibles y analizados por especialistas y sociedad civil provienen de una filtración de la Ficha Ambiental (de una parte) incluida en el estudio inicial encargado a Geodata Engineering. Los efectos de esta falta de información ponen en cuestión la calidad del propio régimen democrático.

El análisis convergente de especialistas en diversas materias como hidrología, energía o biología demuestra que la opción seleccionada no ha tomado en cuenta opciones de menor impacto socioambiental. Es una de las opciones de generación de energía con mayor impacto y endeble, o hasta nula, viabilidad económica.

Las acciones emprendidas para llevar adelante el proyecto, vulneran leyes y normas jurídicas de la actual CPE referidas al acceso a la información; la protección ambiental; las áreas protegidas (cuenca amazónica); el derecho a la consulta previa a los pueblos indígenas; el reconocimiento y promoción de la economía plural, que incluye y valora la economía comunitaria propia de las poblaciones indígenas; así como el incumplimiento de convenios y declaraciones internacionales.

El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, situado en La Paz, es uno de los lugares del mundo con mayor diversidad biológica (genes, especies y ecosistemas) y uno de los bosques amazónicos mejor conservados. Es también hogar de comunidades indígenas.

Hoy sabemos que el bosque amazónico nos provee de servicios ambientales indispensables como lluvia, o minimización de inundaciones y sequías en toda la región de influencia (altiplano norte, amazonia y valles). La importancia de los servicios ambientales vale también para la Reserva de la Biosfera y Territorio Indígena Pilón Lajas, situada en el Beni, porque protege biodiversidad, equilibrios hídricos, entre otros. Además cobija a comunidades indígenas Mosetén, Chimán y Esse ejja.

Los profundos impactos de la inundación (cercana a 700 Km2) del reservorio previsto, implican desde la desaparición de comunidades, hasta cambios sustanciales de las formas de vida de aquellas que no sean inundadas pero sí afectadas por la cercanía de la monumental transformación de las condiciones naturales de la región. Estos impactos se extenderían, previsiblemente, a lo largo del río Alto Beni y afectaran a comunidades ribereñas como Inicua, Muchanes, Pujpunendo, Sararia, Santa Ana, Mayaya. Suman, aproximadamente, 4.000 personas (15 sindicatos agrarios y cinco pueblos indígenas originario campesinos) solo en las zonas ribereñas pobladas.

Impactos ambientales y su correlato socioeconómico

El desarrollo sostenible, o las mejoras sostenibles de la calidad de vida de la población debe implicar avances, no retrocesos; más seguridad, no menos; mejores condiciones de vida, no peores; más y mejores servicios ambientales (lluvias o alimentos) no menos.

El argumento de que el represamiento y el área inundada abarcan pequeños porcentajes de las áreas protegidas afectadas no tiene en cuenta la complejidad de las dinámicas sistémicas en juego. Obstruir uno de los ríos principales de la cuenca amazónica de Bolivia con una muralla que impida el flujo normal, desde hace millones de años (con todos los procesos evolutivos de adaptación derivados), equivale a obstruir una de las venas principales de un organismo viviente.

Como las otras, esta mega represa contribuiría al Cambio Climático de modo significativo, debido a las emisiones de metano (un gas de efecto invernadero unas 30 veces más poderoso que el CO2) que se generarían en el embalse de casi 700 km2, debido a la gran cantidad de materia orgánica que se irá descomponiendo por efecto de la inundación.

El lago artificial que se generará apenas podrá servir para la alimentación, a través de la pesca, o para el turismo, debido a la mala calidad de las aguas estancadas, precarizando la soberanía y seguridad alimentaria de las poblaciones locales, así como una de las fuentes de trabajo más importantes de la región: el turismo.

Debido al mismo efecto de muralla de la represa, se afectará la dinámica reproductiva de los peces que no podrán llegar para desovar aguas arriba, donde el agua alberga más oxígeno. Esto implica la posible desaparición de varias especies de peces ocasionando un considerable daño económico a la región.

El Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi, situado en La Paz, es uno de los lugares del mundo con mayor diversidad biológica.

La vida útil de la represa será reducida por la gran cantidad de sedimento que arrastran los ríos de la zona. En el caso del río Beni, en el punto del Angosto de El Bala arrastra, un promedio de entre 192 a 212 millones de toneladas anuales de sedimento.

Pero lo que es un problema para la represa, debido a la colmatación, es la fuente de fertilidad de los suelos de la región que quedarán sin el principal aporte de sedimentos de toda la cuenca del río madera ya que el efecto de retenerlos se sentiría a cientos de kilómetros río abajo.

La figura actual de un sistema de dos represas compuesto por la mega represa de arco del Chepete (cota 400) y de “run off” para El Bala (cota 220), para una etapa posterior, implica severas distorsiones hidrológicas y ecológicas en el funcionamiento de dos mega represas en un mismo curso de río.

Las mega represas Jirau y San Antonio, ejercen una sinergia negativa, especialmente bajo fenómenos climáticos extremos.  Esto ocasionó, en 2014, una de las mayores catástrofes climáticas e inundaciones extremas de los últimos cien años, especialmente a lo largo del río Beni. Con la mega represa del Chepete, si vuelve a ocurrir un evento climático extremo como el del 2014, la amplificación de una gran inundación podría extendenderse río arriba hasta la región de Alto Beni por más de 250 Km. de curso fluvial, inundando Sapecho, Puerto Linares, Guanay y Palos Blancos.

Las previsiones de volumen y superficie inundada por los reservorios de las mega represas en los estudios de impacto, son en general subdimensionados e imprecisos. Establecen una cifra, que al correr de los años aumenta mucho, ocasionando más daños a los ecosistemas y a la gente. Esto ha sido advertido en el caso de las mega represas Jirau y San Antonio: de los 350 Km2 inicialmente previstos la inundación alcanzó actualmente más de 420 Km2 en 2014.

Posible área de inundación.
Fuente: Exposición de Marco Octavio Ribera

En términos de impactos a la biodiversidad, los pocos estudios realizados en las zonas del Beu-Chepite, indican que las zonas a ser impactadas, contienen los niveles de mayor riqueza biológica, de la región subandina de Bolivia y figuran entre las de mayor riqueza biológica en Sudamérica. La región de las serranías, encañadas y valles profundos del Beu-Chepete, se encuentran entre las regiones menos exploradas de Bolivia, con varios sectores de elevada pristinidad, los cuales desparecerán bajo las aguas sin haberlas conocido siquiera.

Finalmente, los impactos de la infraestructura de acceso al lugar de la represa (camino de más de 150 Km.) serán significativos, según los expertos, no sólo por el impacto ambiental de cualquier camino en tierras boscosas, frágiles y accidentadas, sino porque quedará como la oportunidad para más asentamientos ilegales de colonos en áreas protegidas, o en áreas cercanas.

Un modelo energético del siglo XX en pleno siglo XXI

El proyecto responde a un modelo energético que resulta irresponsable, además de económica, social y ambientalmente inviable porque ignora desafíos críticos del siglo XXI. Contribuye, por tanto, a empeorar crisis multidimensionales derivadas de la destrucción de la base vital (la naturaleza) de la que dependemos y de la que somos parte, en vez de contribuir a minimizarlas a través, por ejemplo, de una transición energética, ordenada.

La transición hacia la sostenibilidad de las fuentes energéticas, las renovables, tendría además efectos descentralizadores y democratizadores del acceso y de la producción de la energía.

Las energías renovables plantean además oportunidades de lo que se denomina crecientemente como “democracia energética”, dadas las potencialidades de estas tecnologías para ser radicalmente descentralizadas, en el marco de ciertos modelos como el caso, aún excepcional, de la transición energética alemana. Para estos casos es apropiado el término prosumidor (productor y consumidor de un mismo bien o servicio, de manera simultánea, en este caso de energía) ya que en ese país los/as usuarios/as pueden vender a la red la energía excedentaria que generan.

Es lo contrario del esfuerzo por generar renta de origen extractivista, centralizada, distribuida clientelarmente y, por tanto, erosionadora de la democracia, aun sí implica altísimos costos sistémicos

Alternativas

Bolivia dispone de las mejores condiciones posibles en el mundo para aprovechar de la energía solar. La intensidad máxima de la radiación solar en el altiplano sur alcanza el valor máximo de aproximadamente 5.4 -6.9 kWh/m2/día. No hay intensidad superior, aunque sí igual, en el mundo. De hecho, ya existe un proyecto público de energía solar fotovoltaica en Cobija, que genera aproximadamente 5MW. Y se tienen previsto al menos dos adicionales, de alcance localizado, en el corto plazo en la localidad chaqueña de Yunchará y en Uyuni.

La energía eólica, por su parte, tiene excelentes condiciones en amplias zonas de Santa Cruz, pero, como en el caso de la solar, estas condiciones se extienden a espacios específicos distribuidos por toda la geografía nacional. El primer proyecto de ENDE se encuentra en la localidad de Qhollpana. Genera aproximadamente 20MW.

Las energías renovables están incluidas en planes del gobierno como el Plan 2025, pero sólo de manera marginal tanto en inversiones, potencia e incentivos. Lo sustancial del modelo se apoya en la concepción de la energía como fuente de divisas estatales, vía exportación, además de altamente centralizada. El plan energético se apoya en las grandes hidroeléctricas y en la intensificación de la exploración y explotación de gas y petróleo (aún en áreas protegidas), a través de incentivos a empresas transnacionales y de inversiones estatales de la mayor envergadura.

La viabilidad comercial y financiera del proyecto

De acuerdo a un cálculo de los expertos Molina y Espinoza, a partir de los datos de la Ficha Ambiental, el precio aproximado de la energía del Chepete sería de US$ 81/MWh. Más del doble del precio de venta de Santo Antonio o Jirau. Surge entonces la interrogante: ¿Será que Brasil estará dispuesto a comprar energía a este precio y, además, en 10 años? Es poco probable, dada la decisión brasileña de invertir, por ejemplo, US$50 mil millones para expandir su capacidad de generación de energía eólica que será, entonces, junto a las demás renovables, aún más baratas que hoy.

Es inexplicable el hecho de que el gobierno haya decidido priorizar un proyecto que, con sus US$ 7 mil millones estimados, duplicaría nuestra actual deuda externa, que equivale a la mitad de nuestras reservas internacionales y cuya construcción demoraría 10 años (con todos los costos financieros que eso implica), sin tener un contrato con el supuesto comprador de la energía. Los analistas advierten de la posibilidad de tener que vender energía subvencionada al Brasil dadas las pésimas condiciones de competitividad actuales y esperadas del proyecto, así como la potencial difícil posición negociadora de Bolivia frente al Brasil.

Interrogantes

  • ¿Por qué invertir tanto dinero público en estudios para un proyecto con dudosa viabilidad técnica, económica y ambiental y de enorme impacto socioambiental y económico habiendo alternativas?
  • ¿Cuál es el marco de planificación que permite a ENDE y al Ministerio priorizar unos proyectos energéticos sobre otros? ¿Cómo se define la prioridad de estos megaproyectos? ¿Hay un análisis de alternativas? ¿Por qué priorizar este proyecto frente a otros en la misma cuenca?
  • ¿Por qué no transparentar el proceso de toma de decisiones, abriéndolo al debate y mejorando el soporte técnico? Esto implica cumplir con la CPE y las leyes.
  • ¿Podrán asumir, el actual gobierno y el país, el enorme costo económico, ambiental, social y político que supondrá un megaproyecto mal concebido?
  • ¿Cuál será el precio final previsto de la energía producida por Chepete? ¿Viabiliza ese dato el proyecto, tomando en cuenta los precios previsibles en 10 años de otras alternativas, que ya son más baratas?

La insostenibilidad/inviabilidad de las inercias globales predominantes

Urge superar valores, perspectivas e instituciones hegemónicas que generan inercias insostenibles, mortíferas que suelen comprender y referirse a la base o sistema de la vida con términos y nociones como “medio ambiente”.

Este tipo de términos refuerzan una concepción de éste como algo externo a la humanidad, ajeno, subsidiario y hasta dispensable; un ámbito a ser controlado, dominado, alterado a gusto; puesto al servicio de la satisfacción de las crecientes necesidades de la humanidad; poblado de seres intrínsecamente inferiores, sin derechos intrínsecos a subsistir y cuya existencia solo tiene sentido y valor en la medida en que nos resulta útil y/o transable.

Esta perspectiva mecánica que subvalora a la naturaleza estima que las consideraciones “ambientales” deben supeditarse a los requerimientos de una economía que comúnmente se analiza, estudia y proyecta como si fuera independiente de la naturaleza.

Para decirlo en sus propios términos, esta visión hegemónica de la economía apenas alcanza a “internalizar” (contabilizar) las “externalidades” (efectos negativos no deseados) que genera, tanto por el sesgo antropocéntrico del que adolece, como por la enorme insuficiencia del conocimiento disponible para valorar adecuadamente la naturaleza sin confundir ni reducir, en el intento, el valor con el precio, o con la cualidad de transable de los bienes y servicios naturales.

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