Desarrollo energético versus sistema ecológico

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En su afán de contrarrestar la reducción de ingresos económicos por la venta de gas, para acrecentar la tasa de crecimiento del PIB en lugar de reducirla, el gobierno apunta ahora a desarrollar grandes proyectos energéticos a través de la construcción de hidroeléctricas, las mismas que pueden convertir a Bolivia en el centro energético de la región. Frente a este nuevo panorama, expertos e investigadores del medioambiente han profundizado estudios acerca de las implicancias que tendría la concreción de estos emprendimientos sobre nuestro ecosistema.

Al respecto, recientemente nos ha llegado un interesante documento sobre los proyectos de Mega Represas, cuyo resumen publicamos en la presente edición, el cual trata sobre las consecuencias negativas que tendría el sistema de represas Chepete – El Bala. Los autores (son varios), plantean ejecutar proyectos de energía alternativa, destacando la solar y la eólica, considerando que cada vez resulta más fácil y menos costosa su explotación; y lo más importante, que se la puede aprovechar a nivel comunitario, con la posibilidad de que el excedente se pueda vender al gobierno. Vale decir, que el negocio sería a la inversa, con el consecuente beneficio para la comunidad que lo desarrolla.

Es loable que el gobierno esté en la constante búsqueda de fuentes de ingresos económicos, pero debe hacerlo sin caer en la desesperación, para que el remedio no resulte peor que la enfermedad. Habiendo pasado la época de las vacas gordas, resulta imperativo priorizar las inversiones; en lugar de amontonar los huevos en una sola canasta, se las debe diversificar, especialmente en proyectos de fácil y rápido retorno, ya que esa también sería una manera de contrarrestar la desaceleración, que si bien no es por el momento gravitante, puede traernos complicaciones si se la descuida.

En cuanto a la conservación del ecosistema, ya los científicos de todo el mundo han alertado que, si ahora no hacemos nada para frenar el calentamiento global, el 2030 será demasiado tarde, porque a partir de ese año empezaremos nuestro viaje sin retorno hacia la descomposición del ecosistema. Los países de avanzada, ya no miran fuentes energéticas que afecten la naturaleza, mas bien están profundizando estudios que desarrollen energía solar y eólica, que son fuentes inagotables y limpias. Y en cuanto a ingresos económicos, se pueden desarrollar proyectos turísticos, aprovechando los pisos ecológicos y la biodiversidad con que cuenta Bolivia.

(Contacto Económico – Febrero 2019)

Harold Dávila Ruiz
Director General